domingo, 22 de junio de 2008

MOQUEGUA Y TACNA: ANATOMIA DE UNA CRISIS EN BUSQUEDA DE SOLUCIONES

Jesús Jiménez Labán (*)
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Una masa de 15 mil personas secuestró a un general y a 50 policías. Los agitadores no hicieron caso a las autoridades regionales y locales. Los niños dejaron de asistir a clases por falta de seguridad en el transporte y ciudades enteras del sur sufrieron desabastecimiento de alimentos y energía por el bloqueo de transporte. Los manifestantes usaron huaracas para intentar derribar un helicóptero y cerrar el paso a las exportaciones. ¡Por Dios, dónde estamos! Esto que acaba de pasar por una mala interpretación del canon en los yacimientos de Toquepala y Cuajone con serias repercusiones para Tacna no es para reír, es urgente con más espíritu reactivo redoblar los esfuerzos por la unidad de la nación.
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Me temo que la crisis de Moquegua y Tacna, que le arrancó al Tesoro unos 80 millones de soles para compensar a los pueblos por la inaplicación del canon, es lo que Enrique Chirinos Soto dijo alguna vez: “las regiones se constituirán no por el mandato del legislador, no de arriba-abajo, sino por iniciativa de las poblaciones, de abajo-arriba”. Junto con muchos, no creo que haya ideología detrás de este problema. Miremos atrás, centrémonos en lo que pasó y analicemos las causas del conflicto: la iniquidad, la desigualdad, la injusticia, pero todo ello no justifica de ninguna manera la violencia. Estamos viendo que –y lo confirman las propias autoridades de provincias- existen centros poblados aledaños a los asentamientos mineros que no reciben canon lo cual genera enormes contrastes entre la riqueza y la pobreza.
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¿Cómo es posible que el gobierno central asigne recursos a las provincias y los ejecutores no sepan en qué gastar, cómo invertir ni cómo darle rentabilidad al dinero que reciben por miles de millones a manos llenas? Aquí está el corazón del problema ya que hay enormes presupuestos –más aún desde que el Ejecutivo se animó a entregar el cheque del canon de ejercicios anteriores, todo junto-, pero no hay capacidad de generación de obra pública, a pesar que los pueblos necesitan más desarrollo y más crecimiento para combatir la pobreza, el aislamiento y el atraso.
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Se ha hablado con insistencia acerca de la modificación del reglamento de la Ley de Canon que es la mitad del Impuesto a la Renta, los mecanismos de compensación al resto del país que no recibe canon, unos 12 departamentos, y la capacitación urgente del personal de los gobiernos locales en la ejecución y plasmación de proyectos de desarrollo, teniendo como escollo al Sistema Nacional de Inversión Pública.
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Si el chorreo económico es sólo para algunos dejando a otros con la mano extendida olvidando el desarrollo integral del país, entonces la regionalización –muy a mi pesar- ha fracasado y con ello siglos de esperanzas fundadas en la descentralización del país. Históricamente, lo escribe Víctor Andrés Belaúnde, “el Imperio de los Incas fue una federación de ayllus, vale decir, una equitativa asociación natural de familias vinculadas a la tierra que las nutre”.
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Si la sensatez se abre paso, el territorio debe dividirse en cuatro regiones, el mismo número de suyos que tuvo el Incanato. ¿Para qué más? Cuatro macro-regiones es suficiente pues poblar de gobiernos regionales el país es reducirlo a mini centralismos, máxime cuando ahí falta gerencia, desarrollo de capacidades de los funcionarios que ejecutan proyectos y optimización de procesos para que las cosas se hagan con la prontitud que requieren los pueblos. De manera que no le echemos sólo la culpa al Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP) y al Consejo de Contrataciones del Estado (CONSUCODE), porque la fractura social es más profunda.
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No le hacemos ningún favor al Perú, salir a las calles para incendiar el ambiente, lanzarse a la pedrea para ganar réditos políticos o protagonizar hechos lamentables para que los inversionistas -que son generadores de empleo, bienestar y desarrollo- se arrepientan de habernos dado el grado de inversión. No señores, ya tenemos bastante con que la Defensoría del Pueblo por boca de Hernando Luque nos advierta que la conflictividad social se ha duplicado en los últimos meses de 30% a 60%. Es impostergable propiciar el dialogo y no la confrontación para encontrar salidas al conflicto. De no hacerlo, nosotros mismos nos estaríamos disparando a los pies.
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En los acalorados debates he escuchado con muchísima atención varias propuestas. Rescato de ellas la de dar al Ministerio de Economía y Finanzas facultades para usar instrumentos financieros con esos fondos no utilizados para generar rentabilidad sobre el dinero ocioso, vale decir, no empleados por los gobiernos regionales y locales; y la redistribuir los recursos del canon entre las regiones que tiene derecho a este beneficio y aquellas que no lo tienen aún. Por cierto, es muy injusto tener alrededor de los centros mineros a centros poblados enteros que no perciben bienestar por no ser parte de la región, mientras otros reciben mejoras económicas porque se reparte una renta por explotación de recursos naturales agotables.
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Es una pérdida de tiempo centrarnos en que la empresa hace el cálculo en base a la tierra removida, el material extraído o beneficiado. Es un disparate si reparamos en la ausencia de una estrategia productiva con las regalías mineras, gasíferas y petroleas no son eternas debido a que nacen de recursos naturales agotables. Se requiere, pues, planes de desarrollo productivos para esos pueblos, de tal manera que una vez agotados los recursos, se pueda alcanzar en el tiempo la sostenibilidad económica y financiera de esos pueblos.
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La redacción del canon este bien hecha –sostienen técnicos del Ministerio de Economía-, pero es importante hacer pedagogía para entender que lo que se calcula para el canon minero –caso de Moquegua y Tacna- es sobre el recurso extraído y no por el producto terminado. Es como lo dijo Javier Kapsoli, en medio de tantas confusiones: “el cálculo se hace por el pez recién capturado y no por el pescado frito”
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Estoy convencido que el país no se va a ir al fondo del mar si promovemos el dialogo sobre estos temas fundamentales. Evitemos ser sorprendidos otra vez con inteligencia económica que permita a la Administración ser más proactiva que reactiva. Nada se soluciona cuando el agua llega hasta el cuello.
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(*) Consultor en Desarrollo Estratégico y Presidente de la Asociación Civil CENTRUM LABAN