sábado, 3 de abril de 2010

¿COMO PUEDEN TOMAR LAS MEJORES DECISIONES LOS EQUIPOS DE RESCATE?


¿COMO PUEDEN TOMAR LAS MEJORES DECISIONES LOS EQUIPOS DE RESCATE?
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Jesus Jimenez Laban
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Quiera Dios que la desgracia de un sismo no enlute al país. Si no fuera así, lo deseable es desarrollar mecanismos de prevención y crear remedios para curar las heridas después de un desastre. Evitar que la desgracia sea mayor pasa por dejar de lado la improvisación entre autoridades , tomar conciencia del problema en comunidad y convencernos que somos vulnerables por nuestra ubicación geográfica, dentro del Cinturón del Fuego en el que se concentra una intensa actividad sísmica y volcánica.
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En tiempos de emergencia, cuando se presentan los apuros de una tragedia y hay víctimas de por medio, es difícil para todos tener nervios de acero y pensar en un plan anti desastre, a no ser que lo hayamos planeado, pensado, preparado con la debida, oportuna y responsable anticipación. Vale recordar qué hacer ante un momento de adversidad, tal como lo recomiendan los estrategias modernas y eficaces de comunicación.
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Primero que todo, debe quedar claro que las decisiones equivocadas se toman por falta de pericia, experiencia o información. Es urgente, entonces, reforzar el sistema de información (satélite, radio, redes sociales, base de datos etc.) A más detalles, datos, información sobre el desastre, mayor lucidez y tino habrá para tomar las decisiones que más convienen.
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Luego, hay que tener una estructura de poder equilibrada. El autocontrol emocional es un componente infaltable en una emergencia. Lo que quiero decir es que la circunstancia exige un equilibrio entre los responsables del plan de emergencia, vale decir, no ser ni tan duro no tan blando. Los jefes duros hacen tomar por aturdimiento decisiones equivocadas en las brigadas de rescate, en tanto que los blandos relajan la actividad de la gente porque no se ubica a la altura de la circunstancia. Hay que tener en cuenta que estamos salvando niños en las escuelas, alargando la vida de enfermos y asegurando el agua, la alimentación, la electricidad, la comunicación de la gente.
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Una emergencia es el peor momento para atacar a las personas. Se requiere atacar los problemas que se pueden desbordar por crisis innecesaria de las relaciones interpersonales. Se recordará el terremoto de Haití, cuyo aeropuerto pasó al control del ejército americano y algunos aviones franceses no podían aterrizar para dejar agua y alimentos. Por eso, es importante dar cabida a la mayor cantidad de sugerencias. Esto significa no atender una o dos propuestas de solución sino todas las que estén al alcance de los operadores del plan de emergencia. Un conjunto de propuestas permite tomar ideas de una y otra parte y asegurar la viabilidad de las decisiones entre jefes y subordinados para evitar una trombosis en el plan de ayuda.
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Es natural que en una empresa, cada grupo trate de hacer protagonismo para figurar con sus logros y resultados. Esto es lo que, precisamente, hay que evitar en un momento de emergencia, haciendo equipo y lograr que todos caminen en la misma dirección, pero los propios protagonistas –los que guían llevan las asistencia sanitaria y logística - deben estar convencidos de que ese es el camino correcto.
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Alcanzar el consenso no es lograr que todos acepten de los labios para afuera las decisiones del jefe-. El consenso es un sentimiento generalizado de todos los que creen que las cosas decididas son las mejores que requiere el momento. Si no hay consenso, es preferible que el jefe se haga a un lado y escuche y ejecute las sugerencias de todos. No es fácil contentar a todos, pero vale el intento. No hay que olvidar que mil instituciones deben caminar al compás de un ente articulador para evitar la confusión y el caos que retarda mortalmente la ayuda, las alerta y la reconstrucción.
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Por último, cabe señalar que son buenos los conflictos cuando estos devienen en constructivos. Si no hay conflicto, no hay buenas ideas. No es mala la iniciativa que propone juntar a viejos y jóvenes, blancos y negros, indios y cholos, gordos y flacos, pesimistas y optimistas. Con esto en mente, el responsable del plan debe cuidadosamente reclutar a personas no con propuestas homogéneas sino heterogéneas para hacer mejor las cosas. Todos hacen equipo y dan equilibrio a las decisiones.