martes, 29 de julio de 2008

UN HERCULEO ESFUERZO PARA REVERTIR LA CRISIS


¿QUE ES LO QUE SE ESPERA DE PALACIO?
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Jesús Jiménez Labán
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Si leemos de nuevo el mensaje del Presidente Alan García por el 187 aniversario de la independencia de Perú, podremos ver que la receta para combatir la inflación es crecer con prudencia y a la vez crear empleo. Junto con ello atender a los sectores excluídos y en extrema pobreza.
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La inflación, esa enfermedad económica que mantiene insatisfecho a un gran sector del país, se come todos los esfuerzos. Su efecto perverso, 5.7% en Junio a nivel de Lima y el doble o triple a nivel de provincias, no tiene en cuenta la millonada de plata que el gobierno ha destinado en subsidiar petróleo, junto con reducción de aranceles a alimentos importados. Ni siquiera la obtención del ansiado grado de inversión por parte de dos calificadoras internacionales que colocan a Perú a la altura de Brasil, México y Chile.
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“Yo las comprendo y acepto su protesta, pero les pido comprender que es un fenómeno mundial", dice García dirigiéndose a las amas de casa, tras recordar que el actual nivel de inflación en el Perú es menor al de otros países en Sudamérica y algunos europeos que están siendo afectados por el alza internacional de los alimentos y el petróleo. “Es mejor avanzar con paso firme que dar un gran salto y caer al vacío”, recomienda.
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Pero el descontento no sólo mina la popularidad de 26% del señor presidente. También crea inquietud entre los inversionistas que creen que el alza de precios retarda la llegada de la riqueza a las mayorías y con ello abre la puerta a un aspirante presidencial de izquierda en las elecciones del 2011, según varias opiniones del exterior. De esto se deduce que bajar el ruido de las protestas es igual a redistribución de la riqueza.
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Vale recordar que la economía se muestra robusta por las exportaciones mineras y el aumento del consumo de la gente. La inflación de 5.7 por ciento, sin embargo, rompió los pronósticos del Banco Central que había previsto 3 por ciento. De manera que con este telón de fondo es previsible que el Presidente hará, como un Hércules, todo el esfuerzo por contener la inflación porque su popularidad cae a medida que se eleva el costo de vida, especialmente entre millones de peruanos que aun viven en la pobreza.
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El problema es que el Presidente puede actuar solo con una caja de herramientas para administrar la crisis, pero necesita de otra para enfrentar lo que él llama el comienzo de “una guerra de las empresas y los países petroleros contra los pueblos”. Y eso no está en sus manos.
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"Les garantizo que este año Perú tendrá otra vez la menor inflación de todo el continente con el mayor crecimiento del empleo y la producción. Y el 2009 será mejor", ha dicho en su discurso el Presidente. Quizás se refiere a lo que planea hacer, el control al gasto público exagerado, remedios al aumento especulativo de precios y al seguro que tiene el Perú: 35.000 millones de dólares en reservas.
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Las intenciones parecen viables, pero es importante que el Presidente evite ser emboscado por la imprevisión y por la falta de reflejos de sus colaboradores. Su enfoque no solo debería estar centrado en una política de amortiguación del alza del costo de vida (mas allá del reajuste sueldo mínimo), sino en tender de manera continua puentes de dialogo gobierno, empresa y sindicatos, autoridades, dirigentes regionales y locales, trazarse un plan de prevención social para que no se repitan hechos como los de Moquegua y Tacna, tocar con cuidado las zonas sur del país, el descuido de la Amazonía y cuidar su frente más importante, la zona norte que tiene más ventajas económicas.
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De paso, se requiere energía con la corrupción, impulsar legislativamente la reforma del poder judicial, fusionar programas sociales y revertir esa tendencia de 98 soles para planillas y 2 soles para la mano extendida del pobre, transferir conocimiento técnico a las regiones que no tienen capacidad de ejecutar proyectos pese a los recursos, priorizar la infraestructura productiva, derrumbamiento de barreras burocráticas para ejecutar proyectos y ensanchar la base tributaria.
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Por supuesto, viendo las cosas de manera constructiva, no todo es malo. No se puede dejar de reconocer el crecimiento económico y manejo responsable de las reservas, las reformas estructurales que sirven como implementación del TLC y otros acuerdos comerciales en camino, el tratamiento de la Corte de la Haya del problema marítimo con Chile, la formalización de las Mypes, la creación de empleos, el grado de inversión alcanzado, la iniciativa educativa con laptops para profesores y alumnos y evaluación rigurosa de los maestros, la justicia social en la pesca y el desmontaje del minifundio.