viernes, 18 de junio de 2010

LA LUZ INTERIOR COMO ENERGIA DEL LIDERAZGO


SI ESTA ES LA FORMULA DEL ÉXITO, ¿POR QUE NO SE APLICA?

JESUS JIMENEZ LABAN

Hacer que las cosas caminen es una necesidad humana y ley de la vida y la evolución. Hacer que se hagan realidad los sueños, es el deseo de todos. Cumplir con éxito una misión es la aspiración de los emprendedores.

Sin embargo, mucho se ha escrito acerca de la forma cómo hacerlo, cuándo hacerlo y con quiénes hacerlo.

A mi modo de ver, creo que el uso apropiado del lenguaje –breve, claro y emocional- es importante para ir de la palabra a la acción. Muchos están convencidos que aprender a usar las frases de actualidad, elaborar frases con contenidos noticiosos y emplear expresiones populares o ejecutivas –según el caso- abre las puertas del triunfo.

Del mismo modo que el lenguaje tiene un rol protagónico en las relaciones sociales, contar los casos de éxito en el que uno es protagonista eleva la credibilidad de la persona. Y no solo esto, a la gente le gusta juntarse con gente de éxito.

Por supuesto, lo que se aprecia no es la acción de un superhéroe –cosa poco creíble- sino la forma como simplifica su vida y llega a la meta como un ser humano, uno más entre los demás, pero que hace cosas extraordinarias. A nadie le resulta extraño que frente a la resistencia de un grupo humano se tenga que usar el poder de la persuasión. Para nadie es un secreto que quienes encuentran el éxito son personas, por lo general, informadas para llegar a nuevos escenarios y contactar con nuevos mundos o evitar los riesgos.

Usando la mitología griega, creo que es necesario tener la filosofía de Odiseo, vale decir, no aceptar que existen problemas sino retos que se debe vencer con espíritu deportivo. Detrás de una valla, hay otra y así sucesivamente. Las cosas difíciles hay que tomarlas como si después de cada vaya, uno estuviera más cerca del mejor entrenamiento para alcanzar la victoria.

Puede un David vencer a un Goliat –como Odiseo frente a la Cíclope, aun con la cólera de Poseidón, el Dios del mar- si es que las cosas se toman con inteligencia, astucia, espíritu deportivo y concentración de objetivos sin pensar en el pasado o en problemas que no existen sino retos.

Todo lo demás es llevar una vida ordenada pegada a la espiritualidad, integridad y legalidad. Las mejores rutas son transitables cuando uno tiene una enorme fe, es transparente y es pegado a la norma porque fuera de ella no hay luz interna ni externa.

Entonces, la luz que nos guía debe tener tres lámparas incandescentes. De un lado, está el pensamiento sistémico, un paradigma que ayudar a la persona y a las empresas a no caer porque en el liderazgo, la estructura, los procesos, la tecnología y el lanzamiento, existen filtros para alcanzar el éxito. De otro lado, la gestión del conocimiento, otro paradigma de moda que permite el contacto con el cambio continuo para ser diferente a los demás, marcar la diferenciación. Hacer la diferencia es una manera de pensar. En un lado está el competidor pegado a los precios, la moda o estilo de la época. En el otro lado, aquel que hace la diferenciación con algo inimitable, algo que la competencia no puede hacer.

Y, por último, está el pensamiento estratégico, ese radar que nos alerta sobre las oportunidades y los peligros para estar siempre con un pie adelante.