domingo, 6 de julio de 2008

IDEAS QUE TRABAJAN

BASES PARA APLICAR LA GERENCIA DE LA DIFERENCIA EN LOS NEGOCIOS
www.euaperu.com

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Por Jesus Jimenez Labán
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La vida es como uno la va creando por sí sólo. Esta verdad escrita por el famoso escritor inglés Bernard Shaw cobra cada vez más fuerza en el mundo de los innovadores que conciben y hacen cosas diferentes y no iguales o repetitivas en los negocios. Uno construye la vida como quiere, pero a veces uno es prisionero de sus propias creencias, de sus propios hábitos, de sus propias costumbres.
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Si uno quiere ser emprendedor, hay que romper con el pasado, tarea que por supuesto no es nada fácil. El renombrado economista inglés John Maynard Keynes decía alguna vez que el problema no es tomar ideas nuevas sino abandonar las ideas viejas. Ademas, hay que aprovechar la juventud porque la vejez improductiva es larga.
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El emprendedor es un diseñador, un creativo, un innovador sin empujar ni pisar a nadie.
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La mejor definición que he escuchado sobre innovación es la que corresponde al profesor Jorge Pancorvo: “la innovación es el esfuerzo de una persona con capacidad de resolver y decidir dirigido a la creación y aplicación de nuevos conocimientos con propuestas orientadas a crear algo diferente y mejor en base al saber, el talento y el ingenio”. Citó como ejemplo de creatividad, los chefs en la gastronomía peruana, empresas creativas como las cajas municipales con productos novedosos y competitivos, empresa textileras y de perfumes como Topy Top, Yambal y Berbal.
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Por tanto, un emprendedor nunca podrá estar contento cuando las cosas se mueven dentro de la normalidad.
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Precisamente, por ser innovador está llamado no sólo a romper esquemas, sino a tomar riesgos y ser muy previsor. Un destacado profesor universitario recordaba un día al campeón de fórmula 1 cuando decía que si en el volante uno tiene las cosas bajo control , es señal de falta velocidad en la acción- de manera que el siguiente movimiento debe ser ganar velocidad, tomar riesgos –confiando en su preparación, en su entrenamiento y en su capacidad para hacer que las cosas sucedan, sin que esto quite mérito al valor de la innovación prospectiva, vale decir, tener una visión clara hacia donde nos movemos en el tiempo.
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No hay que invertir, pues, en tecnologías desfasadas sino estudiar el futuro para controlar el presente y no perder de vista los cambios revolucionarios que imponen la ciencia y la tecnología.
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Ciertamente, la primera revolución, basada en las telecomunicaciones, reemplazó el viejo abecedario (de la A a la Z) por un conjunto de algoritmos (00000000 y 1111111111) que no solo comprenden las letras, la escritura, el texto, sino también las voces y las imágenes que se mueven en mil millones de computadoras en todo el mundo, sin quitar el mérito a los nuevos inventos que permiten al hombre manipular el ADN, con consecuencias insospechadas para la especie humana. Así, el exportador, sea en la agroindustria, la ganadería o la medicina, por ejemplo, sabe que asistimos a la segunda revolución a partir de la genética y la biotecnología. La ciencia y tecnología permiten, por ejemplo, clonar cuero de vaca, elaborar un transgénico, producir leche especial para salud de los enfermos y alargar la vida.
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Confieso que veo con asombro los admirables pasos que dan los emprendedores en el desarrollo de software en la solución de los problemas de la vida cotidiana, de la educación con entretenimiento para los niños y el desarrollo de capacidades a gente discapacitada. He visto una ciudad digital en Uruguay –Proyecto La Florida- que ha logrado automatizar todos sus procesos en gestión municipal, poner millones de archivos de la alcaldía en un solo servidor y abrirse con transparencia a la información que requiere el ciudadano de institución pública o privada: cuánto dinero se recibe de la contribuciones, en que se gasta el dinero del contribuyente y cuáles son los costos, las licitaciones y contratos.
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No se queda atrás la migración de la animotrónica –el paso de dibujos animados en papel a la computadora para educar a los niños en medio ambiente- proyecto de la Universidad texana de Austin ejecutado en Costa Rica y el impulso de los videojuegos que invaden teléfonos, computadoras, televisores, consolas y MP3. Gran asombro ha causado en Nueva York el desarrollo de un programa que permite a los teléfonos móviles convertirse en instrumentos de lectura de los invidentes, aparatos que leen para los ciegos las cuentas bancarias, el menú en un restaurant, los pensamientos de los mejores autores. Esto sin incluir las investigaciones en las animaciones tridimensionales 3D que se ve en los cines modernos y las 4D que vienen del futuro, tecnología que permite a la audiencia, por ejemplo, oler el aroma de una flor y sentir el rocío de una montaña sin tener contacto físico con la red, todo en un mundo virtual.
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Por eso es importante entender en el Perú esta velocidad asombrosa de la innovación que crea competitividad porque estamos viendo que el conocimiento aplicado a través de la ciencia y tecnología es una forma de contribuir al bien común, lo que facilita con el aporte de universidades del exterior y empresas multinacionales que promueven con conocimiento nuevo este tipo de intercambio de ideas para desarrollar nuevos proyectos, usando imágenes, robots, interfaces, y mecanismos base.
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Me imagino que el Sistema Nacional de Innovación del país –sea el Programa de Ciencia y Tecnología del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Fondo de Desarrollo para la Competitividad o el Concurso Nacional de Proyectos “Invierte Perú”, tiene planes para facilitar el desarrollo de software en el país, concertar estos adelantos entre la universidad y la empresa del exterior con sus similares dentro de una interacción entre la empresa privada y la educación –hoy casi nula-, y la promoción de ferias, talleres virtuales y festivales electrónicos para facilitar el intercambio de ideas entre emprendedores porque las mejores ideas tienden a crear nuevas modalidades de negocios, es decir, crear nuevos mercados que antes no existían.