viernes, 5 de noviembre de 2010

COMO SE ENTIENDEN LOS CANDIDATOS CON LA GENTE


COMO SE ENTIENDEN LOS CANDIDATOS CON LA GENTE

JESUS JIMENEZ LABAN

¿No es usted popular? ¿Nadie lo mira? ¿No cae simpático a la gente? Pues bien, puede darse usted un baño de popularidad, saltar al estrellato y alcanzar la ansiada empatía con su electorado. Soy la solución.

Estas, que podrían ser las preguntas y respuestas de un especialista en marketing, no están lejos de la realidad cuando trata de persuadir a un candidato a que se lance al ruedo de la política. El gran tema es saber tocar la tecla en el momento preciso, en el lugar indicado. Y tocar la tecla significa tener dominio en redes sociales, posicionar al candidato en un segmento no por su candidatura, que a nadie le podría importar, sino por sus ideas, sus propuestas y sus soluciones que sí importan a muchos.

Si tocar la tecla es importante, conocer las claves del pentagrama político es vital. Se trata de armar estrategias inteligentes –virales, interactivas, digitales- para generar simpatía –con una idea fuerza reiterativa y clara- en segmentos vinculados a la juventud, las mujeres, la educación, el campo, la burocracia y los institutos armados. Esta es, por supuesto, la fórmula ideal, pero en los hechos cambian muchas cosas. Sea como fuera, palabras más, palabras menos, en las últimas campañas presidenciales los escenarios han estado muy próximos a estos requerimientos.

Cualquier ciudadano que aspire en el Perú a un alto puesto público por elección popular, tiene que repasar los principios del marketing político en su versión más adelantada –la política en la “Second Life”, por ejemplo, teniendo en cuenta que existen –según estadística reciente- 2 millones 500 mil usuarios (sólo el Facebook sin contar Hi5 su competidora) y más de 900 mil usuarios en internet, en aparente desventaja aun frente a los más de 25 millones de televidentes con sus respectivos receptores y otro tanto en la radio.

No hay que olvidar que las redes sociales tiene como atributo la segmentación, es decir, es más fácil llegar a la gente que uno quiere, a diferencia de la TV que llega a todos, pero no todos son relevantes para los objetivos políticos de una campaña de medios.

El candidato presidencial –que busca ahorro, eficacia y llegada al público- sabe que los segmentos que van a decidir su futuro están en las redes sociales –por ahora Facebook, MySpace, Twitter- más que en la noticias de una página web o en un afiche, panel o banner, quedando la radio o la TV para la recta final . Si no es así, ¿por qué los jóvenes para enterarse de lo que pasa a su alrededor ingresan a estas redes?

Sabe también que tiene que hablar en los mismos códigos para entenderse con los jóvenes (tags, banners, push, pool, muro etc.), por lo menos lo suficiente para dejarse ver y entender en internet y desarrollar capacidad de comunicación de ida y retorno entre candidato y electores.

Ciertamente, es la juventud –que escapa al control de los padres que han quedado rezagados en los medios tradicionales- la que navega todo el tiempo en la red.

Está de moda entender en los negocios modernos –mucho de ello lo copia la política- entender que la gente no compra el producto, sino simplemente compra la emoción. Y esto en política tiene un tremendo impacto, sobre todo cuando el candidato aprende a contar su historia, rodearse de testimonios de personas que lo conocen o lo respaldan, decir quién es en realidad y mostrarse siempre sonriente. Hombre o mujer que sonríe, es persona de éxito.

En Estados Unidos ha surgido un fenómeno político que ha puesto a varios senadores en el Capitolio. Se llama “Tea Party”, el partido del té, un conjunto de asociaciones que apoya ideas conservadoras, pero que haciendo uso de las redes sociales evoca momentos emocionantes –la protesta contra el parlamento británico por el impuesto al té, por ejemplo- Claro, quizás no es el ejemplo apropiado, pero nos está indicando sólo una cosa: están haciendo lo que dicta el marketing, vale decir, contar la historia y encarnarse en ellas como herederos.

De alguna u otra forma, la importante es saber qué decir, cuándo decirlo y dónde decirlo. Los otros recursos son estéticos –Ej. la cirugía plástica a la presidenta electa Dilma Rousseff de Brasil para caer más simpática, fresca y dulce- y tecnológicos –técnicas virales que retransmiten los mensajes con una buena base de datos- y estadísticos –sería recomendable que las encuestas no se suspendieran hasta la víspera de las elecciones para que la gente esté segura por quién votar y no tenga una falsa impresión de la realidad.

Por supuesto, todo lo dicho aquí es sólo una parte de la aventura. Aun así, ¿sigue pensando en ser candidato? Parece complicado y enredado, pero si logra entenderse con la gente, la victoria puede estar a la vuelta de la esquina.