domingo, 31 de octubre de 2010

LA HORA DE LAS MUJERES


LA HORA DE LAS MUJERES

JESUS JIMENEZ LABAN

Primero fue Michelle Bachelet cuando llego a ocupar la más alta magistratura de Chile. Le siguió luego Cristina Vda. De Kirchner con el mismo destino, ser presidenta Argentina. Le llega ahora la oportunidad a Dilma Rousseff (62), del Partido de los Trabajadores, de ser la primera mujer presidente de Brasil después de derrotar en segunda vuelta a su opositor José Serra, del partido de la Social Democracia.

¡Qué duda cabe? Es la hora de las mujeres. Dilma Rousseff, divorciada, economista, ex guerrillera, ex ministra en las carteras de Energia y Presidencia y ex presidenta de Petrobras, tiene manejo administrativo pero sin las suficientes agallas políticas de su predecesor, Ignacio Lula Da Silva, según varias opiniones Aun así, sin experiencia política, que piensa suplir tocando la puerta al ex presidente, Dilma asume el poder el 1 de Enero de 2011. Si hay una lección que deja Lula, ex líder metalúrgico, para el continente es la rentabilidad política que genera hacer reforma social a favor de los necesitados.

Asumirá el mando cuando el mundo se debate en una grave crisis financiera, cambiaria, inflacionaria con tentaciones proteccionistas y especulativas, lo cual para muchos obligara a Brasil a fortalecer su propia capacidad interna para amortiguar el golpe de la crisis mundial. Junto con ello se ven en camino asumir el reto impostergable de continuar el tránsito de gente sumida en la pobreza hacia una cada vez más amplia clase media, algo que supone un hercúleo trabajo de diálogo y concertación en el marco de un “gobierno para todos sin exclusión” pues Dilma ha llegado al poder con el apoyo de una coalición de partidos.

Sin embargo, tiene dos piedras en el zapato. A un lado, está la corrupción, entorno que empaño el gobierno de Lula. Aunque ha adelantado que protegerá y cuidara a los órganos de control para asegurar la transparencia de su gestión publica, varios analistas creen que tendrá obstáculos que vencer. Al otro lado, una segunda piedra en el zapato es el hecho de que tiene mayoría en las cámaras –senadores y diputados federales con apoyo multipartidario-, pero poco arraigo entre los gobernadores que pertenecen a la oposición en una geografía dividida entre gente que la apoyo con su voto (caso del noreste del Brasil, bastión electoral de Lula) y electorado que dio su voto a la oposición liderada por Serra (todo el sur de Brasil).

Sin experiencia política y con un enorme programa de transformación social por delante, se espera que Lula transfiera su know How, situacion que algunos ven semejante a la influencia de ex presidente Alvaro Uribe sobre el presidente colombiano Juan Manuel Santos. Pero la pregunta que fluye de la realidad es hasta cuándo. ¿En qué momento podría Dilma poner su propio plan de reformas? Una incógnita por despejar en los próximos 12 meses.

Sin embargo, en su primer pronunciamiento leído y no improvisado – a pocas horas de conocerse los resultados- ha adelantado algunas de sus medidas, entre ellas empleo, aumento de impuestos, lucha contra los proteccionismos, impulso a la microempresa, así como profundas reformas en la salud, la vivienda, la educación, ciencia y tecnología y en el sistema de pensiones.

Su primer acto político –discurso de agradecimiento por el 56% de votos, equivalente a 55 millones de brasileros de un total convocado 135 millones de ciudadanos- fue para muchos expresión de transparencia y tolerancia porque prometió garantizar las vigencia de los derechos fundamentales, la libertad de expresión y la libertad religiosa que busca convertir en los reflectores de lo que se llama la gran reforma social en un país que no solo es más grande y poblado del América del Sur sino uno de los más inequitativos del mundo, el espejo mayor de la inequidad en el resto de la región.

Aunque no siempre funciona, esta vez fue posible el endoso de votos de Lula hacia Dilma Rousseff a quien expertos en imagen dulcificaron su discurso, la mostraron mas jovial, le dieron una dosis de coquetería a su encanto y una cara más amable para movilizar el voto de las mujeres.

Del éxito de esta misión dependerá que otras mujeres tomen las riendas del poder.