martes, 16 de septiembre de 2008

LUNES NEGRO EN WALL STREET

Jesús Jiménez Labán www.euaperu.com

El más grande terremoto accionario en los últimos 30 años acaba de ocurrir en Wall Street, el corazón financiero de Estados Unidos de América. El banco de inversión Lehman Brothers, el cuarto banco más poderoso del país, se acogió al capítulo 11 de la ley de quiebras, que le permite mantener sus activos y rechazar vencimientos, en una demanda ante una corte de Nueva York, luego de lo cual se procederá a su liquidación.
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En su “press release”, nota prensa, dice que se acoge al capítulo 11 para proteger los activos y maximizar su valor. Tiene deudas por US$ 613.000 millones figurando como acreedores los bancos de Tokio, Hong Kong, Nueva York, Singapur, Taipei. Fuentes financieras de primera mano informan que para la liquidación tendrá la ayuda de varios bancos, incluso de la Reserva Federal que estaría dispuesta a recibir como devolución del dinero activos de baja calidad. Incluso, el Bank of América, que acaba de adquirir el Merill Lynch, otro poderoso banco de inversión, comprará los activos buenos del Lehman Brothers.
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Respecto de sus acreencias en bonos, no habría problema, pero hay US$ 138.000 en préstamos que serian irrecuperables. El Tesoro americano había ofrecido garantizar una operación de salvación, pero no hubo postores –Bank of América desistió- hasta la medianoche del domingo, lo cual precipitó el lunes negro del 15 de septiembre de 2008. Ni el Tesoro ni la Reserva Federal afianzaron la operación, política que seguirían con otras instituciones si presentan problemas similares. Lehman Brothers que se cotizaba en la Bolsa de Nueva York (NYSE) en US$ 43 termino con acciones a 3 centavos.
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En ese lunes negro la Bolsa tuvo un bajón de más 500 puntos, en tanto que la Reserva Federal anunciaba que flexibilizaría los créditos a los bancos, mientras inyectaba US$ 70.000 millones de dólares, junto con el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra, para devolver liquidez a los bancos después de esta tormenta de Leman Brotes con una tradición de 168 años. En medio de este impacto, el grupo asegurador American International Group (AIG) pide que vuelva sus ojos hacia ellos la Federal Reserva Board. Necesita desesperadamente 40 billones de dólares, pero no hay créditos.
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Sin embargo, la recuperación depende de la confianza. Según los expertos, si las autoridades continúan inyectando dinero en el sistema financiero en cantidades navegables, lo que puede pasar es un efecto contrario, es decir, un aumento de precios y poco crecimiento en la economía lo cual aproximaría a una recesión similar a la que precipito la crisis de 1929. La desconfianza se ha apoderado del mercado desde que el público empezó a tener problemas para el pago de sus hipotecas, de sus viviendas, de sus propiedades, cosa que ha empezado a contagiar a las finanzas con gente sobre endeudada y, tal vez, otros segmentos de la economía.
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La chispa que generó el fuego en los mercados es, entonces, la vivienda. Este es el resultado de tomar riesgos en exceso, prestar dinero a gente con poca capacidad de pago y ganar por ganar. Miles no pueden pagar sus préstamos hipotecarios, los precios de las viviendas caen y cada vez es más difícil conseguir un crédito para comprar viviendas. Henry Paulson, secretario del Tesoro de EE.UU ya lo dijo, “la vivienda es el corazón del problema”. “Una vez resuelto el problema hipotecario, el resto de la economía marchará bien”, dice. Pero los analistas de inversiones creen que la salida a esta crisis es tan difícil como hacer caminar a un elefante por la cuerda floja. Por eso, los esfuerzos tanto de reguladores extranjeros como legisladores están orientados al cese de la tormenta de los créditos hipotecarios y aprobar una nueva regulación bancaria.
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La crisis de 1929 empezó con la caída de la Bolsa de Nueva York que arrastro a una crisis en el sistema financiero. La confianza del público, como apunta Mark Dobeck en su libro Money, se esfumó y el pánico precipito la corrida de los ahorros de los bancos. La gente perdió sus ahorros cuando el 40% de los bancos, unos 11.000, cayó en bancarrota o tuvo que fusionarse para mantenerse en pie, en tanto el desempleo trepo a 25 por ciento. Lo que vino después es una legislación del Congreso paras ayudar a restablecer la confianza en el sistema financiero.
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El riesgo es que se generalice la crisis. La caída de dos bancos de inversión, el Bear Stearns y el Lehmon Brothers, en menos de un año, es algo que genera pánico y pone en alerta al JP Morgan, Morgan Stanley si es que no se fusionan con otros bancos, camino que ha seguido Merrill Lynch, comprado por el Bank of América. Pero es importante devolverle la confianza a los ahorristas para que no retiren sus ahorros de los bancos. En Estados Unidos el seguro de depósitos operan en usuarios hasta los 100 mil dólares. Vale recordar que los instrumentos que usan los bancos americanos son sofisticados que todavía no se usan en América Latina, de manera que un impacto directo en las bolsas no es previsible. Sin embargo, la crisis del sistema financiero podría afectar las exportaciones, especialmente en el costo del dinero.
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El dinero, los bancos y la bolsa, están en el ojo de la tormenta. Los mercados quieren ver seguridad y confianza en el horizonte para abandonar el nerviosismo. Ahora o nunca, la sensibilidad empieza y termina en la bolsa porque la suerte económica depende de que los inversionistas recuperen la confianza y apuesten por su país.