domingo, 1 de junio de 2008

CAMBIO CLIMATICO, ALIMENTOS Y ENERGIA

Jesús Jiménez Labán (*)

Con un saldo trágico de miles de muertos tras el paso del huracán Nargis el pasado 2 de Mayo que sacó de raíz los árboles y casas de ciudades enteras, Birmania puede ser el ejemplo dramático que los países en desarrollo están más expuestos a los desórdenes del clima que los países industrializados porque éstos cuentan con tecnologías y políticas para administrar sus propias crisis.
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Siguiendo a Thomas C. Schelling, Premio Nobel de Economía 2005, el tema es que el fenómeno golpea más a los países pobres que a los países ricos. “Hay que parar el efecto invernadero porque las consecuencias pueden ser mayores que las que imaginan los países poderosos en recursos financieros y tecnológicos”, alerta el experto en política energética y ambiental.
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Cuando la gente lee que uno de los efectos del cambio climático es, por ejemplo, el deshielo de los polos y el aumento del nivel del mar que podría significar la desaparición de partes enormes de continentes, aun así se ve el problema lejano, pero tanto unos como otros no saben que el problema está más cerca de nosotros de lo que parece ser. Y es que en los países como Perú y el resto de la región recién se empieza a despertar la conciencia ciudadana acerca de los peligros del cambio climático, algo que se semeja a los gobiernos de los países de altos ingresos donde se empieza a tomar las medidas preventivas para atacar el problema.
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Hay pruebas claras que los países desarrollados son los responsables del 60% de las emisiones anuales de dióxido de carbono que se producen por la quema de combustibles fósiles y la tala de bosques, efecto invernadero que aumenta la temperatura de la tierra. En 1992 se firmó en Río de Janeiro “La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático” para frenar este calentamiento cuyos efectos fueron más importantes en los últimos 50 años que cualquiera de los experimentados en los pasados 10.000 años. Los países que ratificaron el la Convención aprobaron en 1997 el Protocolo de Kyoto, jurídicamente vinculante, en virtud del cual los países desarrollados debían reducir los gases de efecto invernadero en un 5.2% entre 2008 y 2012.
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En Agosto de 2005 el Presidente George W. Bush firmó la Energy Policy Act. Dicha norma estableció como objetivos centrales: reducir drásticamente la dependencia de países petroleros políticamente inestables y el reemplazo por energías limpias del 75% de de las importaciones de petróleo originadas en Medio Oriente para el 2025. Dentro de este marco opera en Brasil la Comisión Interamericana del Etanol con el auspicio del Banco Interamericano de Desarrollo. A la luz de esta nueva realidad se vislumbra un crecimiento exponencial de las inversiones en combustibles renovables. No hace más de una década se invertía 5000 millones de dólares; en el 2005, 38.000 millones de dólares y para el 2010 se habrá invertido 100.000 millones.
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Sin embargo, el Dr. Schelling, Ph.D. de la Universidad de Harvard sentencia que “salvo Japón que inyecta fuertes inversiones en investigaciones científicas, la verdad es que nadie está haciendo nada por enfrentar seriamente el cambio climático. Los esfuerzos de países como Estados Unidos, Rusia, Alemania, Francia y Gran Bretaña aún son insuficientes por controlar los daños irreversibles del planeta”. Lamentablemente el Protocolo de Kyoto, que tantas veces se comentan en las cumbres y en las conferencias, se limita a fijar estrategias de largo plazo cuando en realidad lo que se debe hacer ahora es entrar en acción a fin de frenar el deterioro del planeta.
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A diferencia del pasado, en China 1000 millones de personas aumentan su consumo de carne, principalmente 300 millones de cerdos por año, pero el problema es que el 80% cultivable se dedica a los granos, algo que plantea el dilema entre producir mas carne o mas cereales granos y verduras. Lo mismo puede ocurrir en el resto del mundo que come más que antes y eso dispara los precios de los alimentos. “Resulta, pues, un contrasentido ceder terrenos para bio combustibles como etanol hechos en base a alimentos que precisamente necesita la gente”, critica Schelling. Por eso plantea que los países ricos desarrollen alternativas tecnológicas para controlar el problema, estimulen la inversión científica en nuevas tecnologías, pero la realidad es que el mundo industrial no hace más que en la década de los ochenta del siglo pasado.
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Tal como ocurre en Europa y Asia, en el marco de una rigurosa política ambiental hay que empezar a sensibilizar a la opinión publica en el efecto ecológico de la contaminación, proteger la amazonía, educar a los beneficiarios de los programas sociales y en la ciudad convertir a gas los vehículos gasolineros, replantear los diseños de los edificios para reemplazar por nuevos cambios tecnológicos las estufas, calentadores, ventiladores etc.
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Sea cual fuera, la estrategia del cambio climático no hay cabida para la inercia y el regateo. La acción es ahora.
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(*) Presidente de la Asociación Civil Centrum Labán y Consultor en Desarrollo Estratégico

Fuentes:
THOMAS C. SCHELLING, Premio Nobel de Economía 2005
INFORME MERCOSUR numero 12: 2006 (segundo semestre) 2007 (primer semestre) pagina 95
NACIONES UNIDAS, ABC de las Naciones Unidas, página 278
ALIMENTOS VS FORRAJES, la sustitución entre granos a escala mundial –Pag. 155CIFRAS OFICIALES Terremoto, Reuters/EP, Mayo 2008