jueves, 19 de julio de 2007

DEFENDAMOS LA DEMOCRACIA CON PUENTES DE DIALOGO, TOLERANCIA Y UN NUEVO ACUERDO

UN NUEVO ACUERDO
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Ningún peruano que ame a su país puede ser indiferente al premio mundial que ha recibido Machu Picchu, como una de la Maravillas del Mundo. Nadie en su sano juicio puede pasar por alto el atractivo que tiene Peru como plaza de inversiones, más aun en un momento en que estamos a un paso del canje de ratificaciones en el Tratado de Libre Comercio (Peru-USA), el ansiado grado de inversión y un crecimiento exponencial de nuestras exportaciones. Si alguien negara que esto es progreso, desarrollo y crecimiento, entonces no es contemporáneo, sino simplemente un troglodita.
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Sin embargo, una ola andina con inusual fuerza telúrica se quiere abalanzar sobre Lima bajo el argumento de que no se atienden las demandas sociales de provincias, que no se hace un reparto equitativo de la riqueza y que los beneficios del crecimiento económico no alcanzan ni siquiera por asomo a los que menos tienen.
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La verdad es que no es muy pronto hacer estas exigencias, las mismas que han estado embalsadas desde los regímenes anteriores. Desconocer esto, sería negar la paz social que el país reclama. Pero debería esperarse los resultados del Plan de Gobierno de la presente administración que, salvo las opiniones de la oposicion radical, dura y rapaz, arrojan indicadores claros de responsabilidad, ecuanimidad y de preocupación por los sectores más deprimidos por la sociedad.
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Realmente es muy raro lo que ocurre en este momento decisivo para la Historia del Perú. Estamos en camino a ser un país emergente, pero fuerzas recónditas continúan empeñadas en que el Perú siga hundido cuando tiene todas las posibilidades -ahora más que nunca por el entorno internacional- de salir adelante.
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Dicho de otro modo, un sector del Peru se quita la careta y muestra su verdadero rostro: el camino de la autodestrucción y de la autoflagelación, algo que más parece tanático que otra cosa.
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Los estrategas del marketing político que manejan las políticas de comunicación del presente régimen, deberían tener en cuenta estas aristas -arriba señaladas-, de tal manera que los actos del poder no se hagan en función de lo que dicen las encuestas, sino en razón de lo que realmente quiere el país, a saber: 1.- Reparación social con los beneficios patentes de las reformas económicas 2.- Diálogo con todas las fuerzas políticas, sin excepción 3.- Presentacion de programas sociales con rápido e inmediato impacto en los bolsillos populares dentro de los alcances de un capitalismo popular, pero sin populismos 4.- Diálogo externo con los organismos financieros internacionales para repensar en un plan trianual que permita una mayor inversión social en los enormes cinturones de pobreza que protestan en el centro, oriente y sur del país.
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Por consiguiente, la popularidad del Presidente de la República, doctor Alan García, no dependerá de los gestos que éste exprese al país sino de los hechos concretos que la nación en su conjunto reclama, partiendo de un "standard" parecido al que se elaboró y aplicó en los años 30 en los Estados Unidos. En ese entonces, a través de un New Deal, despues de las Gran Depresión de 1929, un nuevo entendimiento entre los operadores sociales, economicos y políticos que permitió aprobar el esquema de un chalet, un auto puesto en casa y un buen sueldo para cada empleado o trabajador sin ninguna excepcion, algo que no fue inmediato, pero esos operadores se encargaron de hacer cumplir ese esquema o "standard" de manera sostenida en el tiempo. Fue Harry Truman quien lo implementó. Esto ultimo, obviamente, parece una quimérica ilusión muy traída de los pelos, pero por algo creativo hay que empezar de una vez.
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No de otro modo, podremos refozar la democracia y alcanzar la justicia social. Pero antes es aconsejable -dado el momento delicado por el que atraviesa el país- tender puentes de diálogo y tolerancia con los líderes de la oposición, incluyendo a la más ruidosa, porque es ese ruido político el que está encendiendo pasiones en las marchas que avanzan desde los Andes hacia la Capital, poniendo más gasolina a la candela cuando lo que debe imponerse es el diálogo, tolerancia y respeto. De no ser así, con el dedo en la Constitución, se debe hacer prevalever el principio de autoridad.
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Una lucha fratricida de peruano contra peruano no es nuestro destino. Debemos hacer prevalecer la autoridad, insistimos, entre gobernantes y gobernados, pero no podemos hacernos a un costado y dar las espaldas a este cóctel explosivo que se viene germinando en lugares insospechados. Por ello, todos debemos cerrar filas en defensa de la democracia, de la no confrontación, del estado de derecho, algo que debe comenzar ya. Habrá que ver.