miércoles, 15 de octubre de 2008

EN MANOS DEL CONGRESO RENUNCIA DE PRIMER MINISTRO COMO PRESIDENTE REGIONAL

Jesús Jiménez Laban
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Tras la crisis ministerial precipitada por un escándalo petrolero, el Perú tiene un flamante Primer Ministro quien ejerce funciones al frente de un gabinete con mayoría independiente. La crítica constitucional se pregunta cómo ha hecho para asumir el cargo si se lo prohíbe la Constitución y la ley en tanto no encuentre una salida legal para su renuncia al cargo de Presidente de la Región de Lambayeque.
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Vale recordar que los ministros continúan en el ejercicio de sus funciones hasta que el relator de Palacio lea la resolución por la cual se nombra y juramenta al nuevo gabinete. Si el Primer Ministro renuncia, todos los demás deben poner su cargo a disposición del Jefe del Estado. ¿Hay razones para pensar que su designación es políticamente incorrecta? No lo sé. Pero su nombramiento como líder de un gabinete, es un acto administrativo que parece nulo, en tanto no se enmiende la norma.
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Su mandato es revocable pero irrenunciable. Es decir, los presidentes regionales pueden ser destituidos, pero no pueden abandonar el cargo. Esto rige tanto en la primera elección como en la reelección. En suma, deben permanecer en su puesto por los 5 años que les fija la Constitución Política del Perú. (Art. 191)
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Fue el constitucionalista Enrique Bernales uno de los primeros en dar la alerta en el sentido que “son irrenunciables los puestos de alcaldes, congresistas y presidentes regionales, de acuerdo a ley”. Sin embargo, sí cabe la renuncia a la más alta magistratura del país por el Presidente de la República.
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No lo dice una norma común. Esto está señalado categórica y taxativamente en el texto de la Constitución Política del Perú, en el que se ha inspirado la Ley Orgánica de Gobiernos Regionales.
Como funcionario público, en atención al artículo 40 la misma Carta Política, está impedido de desempeñar más de un cargo público remunerado, a no ser que se trate de función docente. Sólo se justificaría su nombramiento considerando a Simon en el ejercicio de un cargo político o de confianza, cosa que no es el caso. Sólo así la ley no le pondría impedimento alguno.
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¿Cómo podría haber juramentado el señor Yehude Simon Munaro como nuevo Presidente del Consejo de Ministros si tiene de por medio esta valla constitucional que le impediría –en teoría constitucional- la asunción del cargo al que no puede renunciar?
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De acuerdo a la Ley Orgánica de Gobiernos Regionales podría ser reemplazado por su vice presidente pero sólo en casos de licencia, por no más de 45 días, siempre que se ajusten a las causales de ausencia o impedimento temporal, por suspensión o vacancia, supuestos que no se dan aquí porque Simon deja el cargo para ser Primer Ministro.
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Solo puede renunciar si candidatea a la presidencia, pero seis meses antes de las elecciones. Esta parece ser la única salida, pero es una “leguleyada” siguiendo la lógica jurídico constitucional de Mario Pasco Cosmópolis. Y es que el pedido de licencia por espacio de 45 días, podría servir para persuadir al Congreso a que apruebe una ley que levante el impedimento de que el cargo de presidente regional es irrenunciable. Claro, es una situación forzada, pero esto supone que desde ahora –de llegar a aprobarse la ley en el Parlamento Nacional- todos los cargos serían renunciables por alcaldes, congresistas y presidentes regionales.
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Para el citado constitucionalista con esta salida podría argumentarse que renuncia al cargo de Presidente regional para candidatear a la Presidencia de la República como ya lo ha anunció. Nada le impide que lo haga de manera muy temprana. Ahora bien, todo parece indicar que el asunto se resolverá con una ley habilitante –que es como la llama el Presidente del Congreso Javier Velásquez- de tal manera que por incompatibilidad se pueda renunciar al cargo, tal como se hizo con los alcaldes.
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Debe contar para ello con el voto aprista y el voto de las otras bancadas –especialmente las fujimoristas y nacionalistas y de Unidad Nacional- para tener una ley que le permita trabajar o sentarse en el sillón que ocupaba Jorge del Castillo. Parece que también en política “no hay lonche gratis”.