lunes, 22 de septiembre de 2008

DEMOCRACIA REPRESENTATIVA PARLAMENTARIA


Jesús Jiménez Labán
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En los pasillos del Parlamento, un congresista lamentaba ante un grupo de cronistas la opinión adversa que tiene la sociedad sobre el Congreso. ¡Cómo es posible, decía, que nos miren como cualquier cosa! “Ya no es como antes...”, se quejaba.
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Pero, ¿qué es lo que realmente ocurrió en las últimas décadas? En el pasado, de acuerdo con la Constitución de 1933, los parlamentarios podían ofrecer obras en sus campañas políticas porque la norma les reconocía iniciativa de gasto en ambas cámaras, la de senadores y la de diputados.
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Desde la Constitución de 1979, incluyendo la Constitución de 1993, que nos rige, está prohibido que un congresista haga ofrecimientos de obras o de gastos porque no está facultado para hacerlo de manera que quienes lo hagan, de espaldas a la Constitución, hacen simplemente demagogia, que –según la Real Academia Española- es la «práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular».
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“La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás”, dijo una vez Winston Churchill (Casa de los Comunes, 1947) En el Perú, para perfeccionarla, se dio en 1955 el voto a las mujeres –antes de 1956 sólo votaban los varones- y en la Constituyente de 1978 -que dio a luz a la Constitución de 1979- se les reconoció el mismo derecho a los analfabetos, que les negó la Constitución de 1993. Todo eso fue el caudal electoral que catapultó a las izquierdas al escenario político como la segunda fuerza partidaria a comienzos de los años 80.
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Sin embargo, el proceso no ha sido ajeno a abusos porque muchos candidatos aprovechando la poca información de quienes no sabían leer ni escribir lograron digitar los votos en su favor para llegar al poder. Dante Alva, ilustre cronista parlamentario que lidera el Círculo de periodistas más poderoso del Perú, cuenta que en la zonas alto andinas de La libertad se indujo a los electores campesinos a votar con una cruz en la cedula en la creencia que estaban depositando un voto en contra de la estrella.
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En la actualidad, lo que todavía se presta a confusión e inexplicablemente no ha sido cambiado es la cedula de votación de doble recuadro.
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Como todos sabemos, el voto preferencial es aquel que facilita al elector preferir al mejor entre varios candidatos de diferentes partidos. Se estrenó en 1978 que le valió a Víctor Raúl Haya de la Torre la mayor votación preferencial, pero no se aplico para elegir a senadores ni diputados en el periodo 1980-1985.
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Sin embargo, el voto preferencial se reintrodujo a finales del gobierno de don Fernando Belaunde con la variante de dos opciones, iniciativa que se atribuye a Ramiro Prialé, gran componedor y negociador de los pactos con Bustamante, Prado y Odría, que cambió la historia electoral del Perú. Hay quienes señalan que la votación de doble recuadro favoreció los resultados en la consulta presidencial de 1985.
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De esta manera los congresistas fueron elegidos mediante el sistema del Distrito Electoral Múltiple aplicando el método de cifra repartidora, con doble voto preferencial opcional. El distrito múltiple se ha reemplazado por el distrito único pero queda el doble voto opcional que a todas luces confunde a una población tradicionalmente poco informada. En la 22 Encuesta del Instituto de Opinión Publica de la PUCP, más del 55% de total de electores no usó el voto preferencial para elegir a un congresista en particular.
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“Más que las ideas, a los hombres lo separan los intereses”, decía Alexis de Tocqueville, famoso pensador francés y autor de la obra “De la démocratie en Amérique”. En realidad, se quiere un Congreso que represente a todos y ponga por encima de todo, los intereses del país, en el que cada congresista sea el reflejo no de una cúpula sino de una provincia, una jurisdicción o un grupo social que le pueda pedir cuentas cuándo y por qué sube impuestos, cuándo y por qué encarece la vida o desprotege o pasa por alto al ciudadano que le dio su voto.
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Se quiere un congresista que use su inmunidad, esa coraza que la Constitución le provee para que investigue y fiscalice los abusos del poder contra los derechos fundamentales de las personas y que, al final, el poder no lo enjuicie, congele o paralice en su pretensión. Y no para defenderse de procesos judiciales que arrastra. Tampoco un congresista es inamovible, que se tenga que entornillar con gastos operativos en una silla durante cinco años sin que la voluntad popular que lo sentó ahí no pueda deshacerse de él cuando el Padre de la Patria falta a la Nación, le pierde el respeto al ciudadano y se pone al margen de la ley.
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La gente cree que la democracia es votar por un candidato y esperar que vuelva la próxima elección para votar otra vez. La democracia no solo es voto, que refleje la voluntad de un pueblo entendido como nación, es también división de poderes, para alcanzar en base a pesos y contrapesos el equilibrio político y evitar la corrupción, y control constitucional, como guardián que pone el dedo de los legisladores en la Constitución. Estoy seguro que todos amamos la democracia, estamos enamorados de nuestro país, como dice la canción en singular, pero necesita una democracia representativa parlamentaria, tenemos que ponerle coraje a un cambio constitucional y tratar con respeto al ciudadano.