domingo, 7 de septiembre de 2008

EL NUEVO FOCO



LA CARRERA DEL CONOCIMIENTO
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Jesús Jiménez Laban (*)
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El mundo atraviesa por una severa crisis energética. Los precios del petróleo han subido a nivel estratosférico y eso ha empujado a usar alimentos para crear combustibles, cosa que tiende en el tiempo a hacer más angosta la frontera agrícola. Hay, pues necesidad de una sustitución de energía por biocombustibles, pero esto hace tambalear a la ley de la oferta y la demanda alimentaria, de manera que la crisis se puede alargar indefinidamente, a pesar que los bancos de inversión nos tranquilizan con las noticias de que el petróleo no pasará de 120 dólares el próximo año 2009.
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El petróleo se ha cuadruplicado en sus precios en cinco años. En lo que va del año, se ha fortalecido en una cuarta parte. El oro negro ha crecido en 14 por ciento este año y han ganado con ello los productores 1 trillón de dólares. Pero es un hecho que el petróleo ha caído desde 145 dólares el Barril en Julio a 107 el primer jueves de septiembre de 2008. Los países fuertes de la OPEP, entre ellos Arabia Saudita, Irán y Venezuela, se oponen a una reducción del precio. El temor es que éste se ubique por debajo de los US$ 100, lo cual generaría una sobre reacción del grupo para evitar un colapso como ocurrió en 1998.
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Ciertamente, este es un tema de preocupación mundial que se ve reflejado en las bolsas de los Cinco Continentes y América Latina no es la excepción. Por eso vemos que las acciones en Estados Unidos Europa y Asia han perdido valor, especialmente las mineras como pasa en la Bolsa de Lima donde se advierte que el índice selectivo cede posiciones y disminuye el impacto de los papeles líquidos.
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¿Qué tenemos que hacer? ¿Ir a llorar a la playa o dar la batalla? Creo que estamos a mitad del rio y no podemos bajarnos del caballo porque tres acuerdos comerciales, entre ellos el TLC con Estados Unidos, entran en vigencia desde el 1 de Enero de 2009, sin contar las enormes oportunidades que representa la Cumbre de los 21 líderes agrupados alrededor del Foro Asia Pacifico, APEC, a realizarse en Lima en noviembre próximo.
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Siguiendo a Alvin Toefler, en su libro “La Revolución de la Riqueza” ya hemos hecho lo que los japoneses hicieron después de la II Guerra Mundial. “Aprender, aprender, aprender” Hemos ingresado a ensanchar nuestra infraestructura portuaria y abaratar el transporte para comercializar manufacturas y agroindustria, es decir “comercializar lo aprendido”, penetrar mercados con valor agregado, lo que no quita que sigamos exportando materia prima hasta que tengamos todo listo, por ejemplo, para ser un gigantesca fabrica o desarrolladora de software.
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Las Universidades y las Escuelas de Negocios en el Perú, más allá de desarrollar habilidades, deben investigar para que las empresas generen cada vez más valor. Alianza entre empresa privada y educación que es casi inexistente o sinergia entre Estado, Sociedad Civil y Empresa para fomentar la creatividad. No quedarse en enseñar sino en volver “gacelas” a las empresas, como ya está ocurriendo en otros mercados vecinos como Brasil, Chile, Argentina y México. Para ello hay que dar un salto de tigre porque “la velocidad”, el tercer elemento que faltaba, es lo que viene para armar laboratorios, convocar la creatividad de los que más saben, desarrollar incubadoras y ser más productivos.
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Muy a mi pesar, cuando pedimos como peruanos que los países fuertes nos den 10 a 15 años de ayuda para después competir en serio, ese es el espejo que refleja en nosotros carencia de innovación. No queda sino impulsar una meritocracia auténtica, es decir, “no castigar el éxito” por razones de nacionalidad, origen, género, raza, credo etc. , sino premiar al que verdaderamente sabe. Como se ha dicho, “el que hace las cosas bien, sube”
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Un candidato en las reciente Convenciones de la campaña presidencial americana decía “¡no vamos hablar, vamos a hacer!”. Eso es lo que necesitamos acá en el Perú. Enseñar y hacer al mismo tiempo, esa es la prueba de valor. Permítaseme, la ciencia ficción, en un tema tan real y serio. Hay que ser como “El Zorro”, sacar el látigo contra la obsolescencia, la inercia y la distrofia que ponen obstáculos a las empresas en su salto a la modernidad.
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Sea con los grandes o con los chicos, el éxito empresarial se miden por la calidad del conocimiento que se recibe en las escuelas. Y esto se alcanza con investigación para ser más productivo. De la misma manera, que los organismos crean misiones para reunirse con autoridades y empresarios de otros países, visitan ferias para exhibir sus productos junto con otras delegaciones de países vecinos y traen capital al Perú; debe haber producción intelectual, que, como en Stanford, profesores y alumnos formen empresa, encuentren dinero barato, generen patentes y agreguen valor a sus organizaciones, punta de lanza del nuevo desarrollo.
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Este proceso de globalización tomará tiempo. Esto recién comienza.
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(*) Presidente de CENTRUM LABAN, Consultor en Desarrollo Estratégico y Profesor Universitario.