lunes, 24 de noviembre de 2014

SI USTED HABLA CON PERIODISTAS, ME GUSTARIA CREER QUE ESTO HARÁ

SI USTED HABLA CON PERIODISTAS, ME GUSTARIA CREER QUE ESTO HARÁ 

JESUS JIMENEZ, presidente de CENTRUM LABAN

Con frecuencia escucho a gente que sale a la luz pública que habla mal de los periodistas por las cosas que éstos ponen en los titulares. Algunos, con agresión verbal, los maldicen y lamentan haberles abierto las puertas de su oficina. ¿Los periodistas? ¿Qué culpan tienen los periodistas? 

La culpa la tiene usted porque no sabe las técnicas ni domina las estrategias para hablar con la gente de prensa. La clave de todo está en dejar el tonteo. No tontee a los periodistas. Tiene efecto de "boomerang". 

No pierda el tiempo. Siempre me acuerdo de Patricia Janiot en una conferencia de la universidad de Washington. El gobierno es el que da las buenas noticias. La prensa da las malas. Ese es su rol, pero con un ojo crítico constructivo para que la persona pública o privada no meta la mata y no afecte el bien público. 

Se saluda lo bueno, se critica lo malo, pero un periodista no se deja emocionar ni con uno ni con otro. Así también es con la empresa privada. De manera que hay que tener cuidado cuando uno habla con periodistas. Difícil hablar y escribir esto para mí porque es como ponerme en el otro lado del mostrador. 

Sin embargo, hay cosas a tener en cuenta porque, a veces, son mal interpretados los periodistas cuando no se conoce su rol. Nunca hable abiertamente ni responda a hipótesis. A lo mejor son cosas que no ocurrirán nunca, pero usted ya tocó el tema. 

Lo mejor es imaginarse lo que podría ponerse en un titular si usted afirma tal o cual cosa. No confíe en el "off the record". Claro, los periodistas honestos lo respetan, pero de todo hay en esta viña del Señor. 

No se ponga a hablar en el plan de amigo, de aliado, de compadre porque el periodista honesto publicará la verdad, cueste lo que cueste. El periodista no tiene compadres, no entra en compadrazgos. Jamás le mienta a un periodista. Mire, es preferible que usted lo objete públicamente a que le mienta. 

Además, que se afecta la imagen de quien lo hace, la prensa encontrará hasta en un tacho de basura lo que usted oculta. No le quepa duda. Trate de ser agradecido. Si usted es una persona pública -congresista, ministro, presidente, vocal, empresario, gerente- está expuesta al escrutinio público. Si usted es funcionario o gerente general, ¿le interesará a un periodista que tenga una amante o un amante? 

No, salvo que sea prensa amarilla y escandalosa. La vida privada no interesa, a no ser que tenga connotación pública por el ejercicio del cargo. Es decir, si se detecta que usted usa recursos públicos para mantener a la amante. Ahí sí. Entonces, lo normal es que la prensa critique. No busque nunca periodistas que no critiquen. 

Y dese por bien servido -muestre agradecimiento- si no lo tocan porque ese silencio es señal que usted tiene buena conducta. Yendo a otros aspectos. No le eche la culpa a otros cuando mete la pata. 

Se escucha muy feo -especialmente si el que habla con la prensa es hombre- estar culpando al clima, la mala suerte o señalando con el dedo índice "ese fue el culpable". Si algo sale mal, asuma su responsabilidad como hombre correcto. Nunca pelee con las mujeres porque de todas maneras perderá. 

No mire por encima del hombro a la gente. No se olvide que si usted es una figura pública hasta el cocinero, el ascensorista o el lavaplatos -todos honorables por cierto- le estarán viendo cada detalle. 

No hable de confidencias con nadie -sea transparente- y no de pie a los chismes. Si alguien se acerca con una crítica -para sacarle la lengua- guarde silencio, no opine, no critique, no se burle porque todo eso puede estar en su contra cuando llegue la hora de la revelación de "los trapitos se lavan en casa". 

Nunca hable sin pensar. Las palabras son como las flechas, no retroceden nunca. Por eso, use la experiencia de sus asesores. Sáqueles el jugo o prescinda de ellos si no lo hacen tomar decisiones oportunas o ingeniosas. Nunca se esconda de la prensa. Ni acepte sugerencias de los mediáticos para ocultar información. 

La tendencia moderna es aprender a "decirlo todo", pero hay que desarrollar habilidades para saber "cómo decirlo". Si usted oculta la información, el periodista, sin culpa alguna, inventará una novela. Y casi seguro estoy usted no será angelizado sino demonizado. Respete a los periodistas. No puede hablar a medias. No puede decir, por ejemplo, "creo que en promedio la situación refleja tal cosa". 

Usted se ahogaría si dice que el promedio del río Rimac es de 2 metros. ¿qué pasa si es de 3 en una crecida del caudal? No se ponga usted mismo el lazo. Manéjese con números y muchas citas e ideas bien seguras y no se atreva a enfrentar las preguntas de la prensa sin antes haber estudiado el tema como para una sustentación de un doctorado. 

Por eso, es importante repetir su estrategia de mil maneras. Repítala una y otra vez. Mírese a la espejo. Péinese bien, cuide su mejor ángulo, pero sobre todo, asegúrese de decir lo más importante. 

Escuche a todos en su casa, la oficina, el cafe, en el almuerzo. No apele a los chistes para distraer. El humor es riesgoso, sobre todo si toca temas delicados. Payazos la han pagado caro por su torpeza. La prensa es la prensa. No se juegue con la prensa.