lunes, 12 de noviembre de 2012

EN EL SERVICIO ESTA LA GRANDEZA


EN EL SERVICIO ESTA LA GRANDEZA

JESUS JIMENEZ LABAN

Me permito escribir estas palabras en homenaje a muchos profesores universitarios que profundizan en la responsabilidad social e inculcan en sus alumnos un profundo sentimiento de solidaridad con la sociedad 
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¿Quién es más feliz? ¿El que se saca la lotería, amasa una fortuna, tiene todos los títulos académicos? ¿El que tiene, posee disfruta de bienes legítimamente ganados? ¿O el que se da a los demás?

Difiícil pregunta para una respuesta sincera. En la letra creo que no no hay respuesta fácil, pero en los hechos pienso que el pedido es ayudar a los que sufren necesidades, darle un impulso al deber de la solidaridad con el que menos tiene. 

Ciertamente, dar algo -por propia voluntad- de lo que a uno le sobra, no es mucho. Dar de lo que al otro le falta, ahí está la grandeza.

Cristo mismo -como dicen las Escrituras -y lo escribo como ser humano con imperfecciones- dio ejemplo de ella -grandeza- en el acto de compartir y darse al prójimo. A pesar de su jerarquía, en realidad, hizo de la práctica de la solidaridad un camino hacia la perfección. 

Pese a ser El, no eligió grandezas. Elgió un hogar humilde con sus padres, en la presencia del buey, el asno y otros animales en el pesebre para darle calor al ambiente. Pero tuvo una vida dedicada al servicio de la gente. 

Claro, no pretendo hacer una homilía de esta reflexión, pero sí pensar en el bien común, un deber inaplazable en un país tan fragmentado, dividido, enfrentado donde es bueno sembrar la justicia para alcanzar la paz en unión de todos los peruanos.

Podemos estar en desacuerdo con quien extiende la mano en busca de limosna, o no estar de acuerdo con un situación de estrechez y apuros económicos de 12 millones de peruanos -o quizás más-, o no aprobar estos cuadros de gente muy necesitada. 

Sin embargo, me 
inspira mucho, mucho respeto la gente que comparte lo que tiene con otros que no tienen. Y esto es lo que veo en la responsabilidad social, la preocupación que tienen las empresas -como complemento del esfuerzo del Estado- de ayudar a su entorno, su comunidad, los grupos sociales. Y esto debe ir en aumento. Y no lo hacen porque las obliguen sino como parte de su plan, proyecto o programa.

Me acuerdo de aquél pasaje de la viuda pobre que puso, por solidaridad, todo lo que tenia para su sustento, un ejemplo, que habla del valor interior de darse a si mismos.

Es en el servicio a los demás que está la grandeza. De manera que -aunque esto no sea compartido por unos a quienes respeto pero seguido por otros- aquí el único mensaje es darle a la vida un sentido de solidaridad, de construcción humana y de futuro con dignidad para esta gente necesitada, una sociedad más equitativa en el que se reduzca, por lo menos, el número de indigentes con la mano extendida sin futuro y sin esperanza de vida. 

La clave está en el esfuerzo conjunto para que la realidad no esté lejana de estas intenciones, aunque vemos con frecuencia cómo resulta un entretenimiento para algunos ver cuando alguien paga una coima, comete un fraude y dice mentiras tanto en los negocios público como privados. 

No estamos preparados. Preferimos la primera fila, que nos hagan reverencia y que nos llenen de honores. Pero creo, sinceramente, que el mérito no sólo está sólo en mencionar y censurar esto, sino en tomar una decisión interior para disminuir la pobreza, juntar las mentes lúcidas del país e impulsar los programas sociales.

Son ciertamente programas que van más allá del asistencialismo, dan herramientas no sólo para pescar sino para conseguir mercados y generar bienestar económico a las familias. Y esto debe continuar cada vez más perfección y menos corrupción.

La palabra limosna esta cargada de un sentido negativo. No la oimos hoy con gusto. Notamos en ella algo humillante. 
Pero para los creyentes -que son millones en el Perú-, la limosna -que en hebreo significa justicia y en griego misericordia- es un acto de deprendimiento, que junto con el ayuno (muestra de autocrontol) y la oración (apertura hacia Dios) son elementos hacia la perfección en la vida de cada persona. 

Pero en otro ámbito social se habla del mismo contenido, aunque con diferente recipiente. Quiérase o no, todos los códigos, la normativa y las leyes del mundo están repletas de estos conceptos, pero lo importante es decidir hacer de la vida un servicio: responsabilidad social, ética en los negocios y balance social. 

Son imnumerables los libros que hablan de lo mismo: la entrega de una persona hacia los demás, vale decir, abrirse a los demás para hacer el bien.

No importa que seas creyentes, no creyente, que no gusten estas palabra. Lo importante es expresar la ayuda, el compartir la comida, el vaso de agua, la palabra buena, el consuelo, la visita, el tiempo precioso.

Hay que redoblar el paso. Tal vez, lo hacemos, pero no es suficiente. El mandato es hacer de la vida doméstica, educativa, política, económica, empresarial, corporativa en un servicio sin que ello quite el derecho legítimo de las personas al ahorro, la rentabilidad, la libertad de elegir, la propiedad, la seguridad y la vida próspera de las familias.

Es un campo de trabajo para cada día, para toda la vida. 


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