sábado, 13 de marzo de 2010

EL ROBO DE LAS IDEAS Y SUS CONSECUENCIAS


EL ROBO DE LAS IDEAS Y SUS CONSECUENCIAS
JESUS JIMENEZ LABAN
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Una famosa proveedora de teléfonos europea estuvo a punto de perder una fortuna porque se le acusó de no ser la real propietaria del invento. El hecho se vino a saber cuando un tercero se reclamó ante el tribunal propietario legítimo, argumentando con verdades lógicas que era el autor intelectual de la concepción del teléfono que circulaba con un tremendo éxito en el mercado. Mientras esto ocurría, apareció en escena un olvidado y arruinado ingeniero –también de Europa- como el verdadero inventor, cosa que sabía a media voz el directorio de la operadora. A fin de no perder el juicio, ésta no tuvo otro camino que acudir al anciano para que diera su testimonio con lo que se destruiría el argumento del tercero, lo cual significó el reconocimiento de acciones junto con una jugosa indemnización por haber hecho uso la proveedora de un bien ajeno.
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Este largo relato ilustra que los derechos de propiedad intelectual son cuestionados en todo el mundo y el Perú no es una excepción. Aquí, en nuestra tierra, hay gente muy creativa que da origen a muchos emprendedores de éxito. Pero en la misma medida es un mercado en el que el creador de una idea se obliga a estar casi mudo ante sus semejantes para que nadie le prive de ella. De lo contrario, le roban la iniciativa, el proyecto o la propuesta, cosa muy frecuente indistintamente en la actividad privada y pública.
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De la misma manera que el colegial ocioso, holgazán e indisciplinado le copia la prueba a su compañero de carpeta, obteniendo más nota que su víctima, así también actúa este “come cerebros” cuando llega a adulto, hombre maduro y ciudadano, pero vive de las ideas de otros, causando daño, perjuicio económico y hasta pérdida de mercado y clientes. Es lo que otros llaman con resignación “nadie sabe para quién trabaja”. Este dicho que, en buena cuenta, significa que el “vivo vive del zonzo” encaja perfectamente bien en una realidad en que la creatividad, la iniciativa intelectual o las ideas rompedoras no valen nada.
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Sé que casos así hay a montones en la vida cotidiana, pero no me queda claro cuántos negocios, iniciativas empresariales o proyectos de avanzada son ideas de otros sin ninguna protección de la ley.
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Ciertamente, se ha convertido en casi una institución ver que después de sostener una entrevista con un ejecutivo se le escuche a éste decir “yo te llamo”, ofrecimiento que, por supuesto, nunca se cumple. Oiga, qué va a ocurrir si toda la idea ha sido captada para ser implementada por otro u otros. Algunos más pechugones aprovechan para hacer una consulta gratuita y se dan media vuelta o, frescamente, usan el recurso “eso es lo estamos haciendo”. Otras veces, el gerente escucha atentamente la propuesta para luego invitar a su interlocutor a que le envíe la propuesta por escrito, usando una dirección de correo electrónico distinto de la empresa que representa, lo cual es una falta de respeto y pone en evidencia la mala intención.
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Quisiera equivocarme pero creo que lo que falta a gritos aquí en el Peru es una cultura de patentes. Es el Estado el principal garante de la propiedad intelectual del inventor que es, precisamente, protegido para estimular, premiar y compensar su creatividad y para aumentar el bienestar de la sociedad. Sé que Indecopi protege la propiedad intelectual del ciudadano, pero no creo que abarque esta realidad oculta que muchos conocen y prefieren callar. Sea como fuere, estamos ante una no nueva forma de apropiarse de lo ajeno.
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Estados Unidos genera alrededor de 1 millón de patentes por año. China acaba de exhibir su potencial creativo con 600 mil patentes anuales, aunque con demora para su inscripción en los registros. Gamarra, el emporio de los textiles y confecciones en Lima, la capital peruana, acumula en su vida de 50 años sólo 1000 patentes, lo cual constituye un termómetro de cuánto se aprecian las ideas.
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El intelecto humano, los intangibles, los servicios no se respetan. Esto supone castigo al talento, pérdida de dinero, fuga de información, destrucción de propiedad intelectual en abierta contradicción con la Constitución y las leyes. Pregunto, ¿cuántas personas caminarán errantes y arruinadas mientras otras viven de lo lindo atesorando inmensas fortunas a costa de los “mensos”? De seguro, no deben ser pocos.