sábado, 13 de marzo de 2010

ACTUE AHORA MISMO


SI USTED TIENE RESPUESTA PARA HACER EL BIEN, ACTUE AHORA MISMO
JESUS JIMENEZ LABAN

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A la luz de los trágicos acontecimientos que enlutan a familias enteras por horrendos crímenes, muchos cuestionan los valores que enseñan los maestros en la escuela y se ponen en duda si ellos son, en realidad, responsables por los casos dramáticos que han consternado a la sociedad: asesinatos de madres por sus propias hijas.
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El término con que se describen estos espantosos actos es indignidad, pero parece incompleto por su impacto y trascendencia moral y social.
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¿Se puede echar la culpa a alguien de esta dolorosa realidad? ¿Ha desaparecido el componente espiritual de la educación que significaría una marcha a la deriva de los alumnos? Si esto no es así cómo entender el caso de un anciano secuestrado por su propia familia teniendo como móvil el dinero. O cómo entender cuando un grupo familiar trama por envenenamiento la muerte lenta de la propia cabeza de la familia o paga a distancia a un sicario para que éste de muerte a su progenitora.
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Es terrible no encontrar respuesta a estas interrogantes. Sin embargo, los ojos de todos deben volver su mirada a la importancia de la unidad familiar y el sufrimiento y dolor de tener en casa una familia rota. En la familia, en la escuela, la prioridad del estado y de la iniciativa privada debe ser el retorno a una educación con valores.
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En los folios de los expedientes judiciales, abundan casos de padres impedidos de llevar una vida plena con sus hijos, con el consiguiente desgaste sicológico para el niño. No pocos han muerto en el intento. Cuando un progenitor –sea madre o padre- priva a su ex cónyuge o conviviente de ver a sus hijos, esto es claramente una perversidad. Esta perversidad se repite cuando alguien deja morir a un enfermo pudiendo salvarlo o eliminar civilmente a una persona por razones políticas, ideológicas, venganza conyugal o de libertad de expresión.
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La sicopatía, según los expertos, es una enfermedad que anula el sentimiento de culpa. El sicópata no siente por las cosas malas que hace ni por las consecuencias de sus actos perversos.
Históricamente, esta perversidad ha existido y existe en la familia a juzgar por lo arriba señalado y en los asuntos públicos, sobre todo en antigua Roma cuando un general dejaba morir por intereses subalternos a su competidor, aunque fuera de las mismas filas castrenses. Es tan antigua como moderna esta mala práctica tal como se vio en el 2006 en las trazas radioactivas de polonio encontradas en el cuerpo del ex agente de inteligencia ruso, Alexander Litvinenko.
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Sin embargo, existen otras crueldades humanas que casi no tiene definición pero que causan horror y preocupación. Es el caso reciente de niños que fueron ofrecidos como sacrificios humanos –asesinatos rituales- en homenaje a su falsos dioses en Uganda; el grito doloroso de la castración de mujeres en algunos países; el escándalo de abuso sexual de menores en la iglesia católica de Irlanda dado a conocer por el propio papa Benedicto XVI.
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Los signos de autodestrucción de la sociedad es el reflejo de una depravación en aumento. Aun cuando vemos que la espiritualidad ha cambiado en el planeta en sus cinco continentes, la gente se sigue preguntado esto: ¿una vida llena de espiritualidad es lo que acerca más a los valores de las personas? ¿Son las religiones una camisa de fuerza para evitar el pecado y el mal? ¿Es posible prevenir una sociedad más violenta y alejar a nuestros hijos de la indignidad, la perversidad o la depravación? Una familia unida y con menos traumas parece ser la única respuesta. Y este juego de que Dios no existe o de matar al Creador dando cabida a un superhombre, ha resultado mortal.
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Esto no es un ataque a la persona, sino al problema en sí, sus conductas, sus actos, sus crueldades como si viniera el fin del mundo. ¿Tiene usted otra respuesta para hacer el bien? Actúe ahora mismo!