domingo, 27 de septiembre de 2009

LA SOCIEDAD CIVIL DICE "EL PODER SOY YO"



Habla la Sociedad Civil:
Jesus Jimenez Labán
Una sociedad organizada para alcanzar el bien común es una sociedad que le devuelve a un pueblo su bienestar, su calidad de vida, la realización de su sueño de ser feliz. Alcanzar esta visión pasa por profundizar la democracia, vale decir, promover la participación y la representación ciudadanas y tender puentes de diálogo entre el poder y la sociedad, algo que va más allá del crecimiento y desarrollo económico de un país.
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Siguiendo esta premisa, repito, una sociedad organizada en defensa de sus derechos fundamentales, en su niveles –nacional, regional y local- pueden decir con justicia “El poder soy yo” (usted, nosotros, todos), para alejar al Perú de la polarización ideológica, política y territorial que se ha apoderado de otros países en la región en “una descarnada lucha por cambiar las reglas de juego y lograr, por parte de los “nuevos caudillos” afirmarse en el sillón presidencial”, según el científico político uruguayo Juan Rial.
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Vistas así las cosas, que los mandatarios escuchen a los votantes viene a ser la aspiración no sólo local, sino también continental porque los retos que plantea la democracia son comunes a todos los países, tal como se desprende de las ponencias que tuvieron lugar en Lima en el seminario internacional ·Los desafíos de la representación política. Reflexiones y experiencias” de USAID-PERU y el International Republic Institute (IRI) en alianza con Calandria.
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Dicho de otro modo, el político tiene que aprender a escuchar porque la política se ha divorciado de los ciudadanos que buscan, sin respuesta, vasos comunicantes para hacer entender sus ideas y propuestas.
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Se ha criticado en este foro que los políticos trabajan para otros intereses que no son los de los pueblos cuando hay mucho por hacer –como dijo el poeta César Vallejo- pues los problemas de la salud, la educación y el empleo en Perú son también problemas del mundo. Hay todavía, por ejemplo, derechos pensionarios y laborales que son negados a millones de peruanos.
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Las comunidades de todo el territorio tienen derecho legítimo a expresar estas necesidades y plantear al mismo tiempo sus soluciones. Sin embargo, muchos ciudadanos no son escuchados por sus representantes porque los partidos políticos, que son la columna vertebral de la democracia, están en crisis por un problema de comunicación, transparencia y democracia interna, salvo mejor parecer.
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El documento “Todos hacemos política” presentado por USAID-PERU y el International Republic Institute (IRI) revela que hay furia ciudadana frente al Congreso de la República y la política en general. El descontento contra la corrupción es impresionantemente agresivo. Contra ello hay que promover una alianza entre la ética y el poder, parte fundamental sobre la que descansa una democracia, cuyos medios de comunicación están llamados –ahora más que nunca- a suavizar el tono de la diatriba, del escándalo y de las cortinas de humo, priorizando los valores que encarnan las instituciones del sistema.
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Para este fin es importante fortalecer los partidos políticos. Su misión debe ser consecuente con los intereses ciudadanos. La desafección que existe por la democracia –caso no exclusivo de Perú- no es como se cree por estómagos vacíos debido a la crisis económica o desigualdad ante la ley, sino por comportamientos que restan credibilidad a la política, entendida –siguiendo a Sócrates- como el arte de alcanzar el bien común.
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No es idea jalada de los pelos empezar a fortalecer los partidos políticos –cuya decadencia ha sido padre y madre de “outsiders”- , pero cómo fortalecerlos si existen legiones de electores que no tienen confianza en ellos ni en el Congreso. La solución pasa por recuperar esa confianza, fomentar la democracia interna en ellos, proyectar transparencia en el financiamiento, cambio de liderazgo, renovación y mejores ideas, incluir a los jóvenes en los partidos políticos, decidir en el Congreso si se elimina o no el voto preferencial, implementar el voto electrónico y conocer más la realidad del país.
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Con todo ocurre una cosa curiosa. Y es que los partidos políticos tienden puentes de diálogo a la población, pero la experiencia demuestra que lo que existe es sólo información y no comunicación, de ida y retorno porque falta más representación en el país. Como bien recuerdan algunos congresistas, hace 30 años existían dos cámaras legislativas, es decir, 180 diputados y 60 senadores, a pesar de que la población era mucho menor. Ahora, con un sistema unicameral y con más población electoral son 120 congresistas –y serán 130 dentro de poco- pero sigue siendo aún pobre el nivel de representación, uno de los más bajos de América Latina.
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De la misma manera que los partidos políticos son columna vertebral de la democracia, la libertad de expresión es la mejor garantía para que ello suceda.
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Se dijo también en este foro que hay que apartar el país de la confusión de intereses públicos con privados. Como decía el político ecuatoriano León Roldos “no hay grandes negocios sin socio o padrino político”. Por ello, prestar oídos a las demandas ciudadanas se antepone al marketing político que aconseja al dirigente qué decir, cuándo y cómo hacer cosas. Pese a cualquier para-poder, son los medios de comunicación los que debe coadyuvar los esfuerzos de los políticos (planes de gobierno y respuestas a problemas) para canalizar las aspiraciones ciudadanas, informar sobre las gestiones que hacen los congresistas por sus regiones para alcanzar la ansiada paz social.
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Todos tenemos derecho al bienestar y queremos la felicidad para nuestros hijos. Si queremos un país distinto, debemos comenzar por corregir comportamientos en democracia. El país pierde cuando la democracia no se fortalece. En cambio, gana mucho cuando muestra actores en acción convertidos en uno solo, el quinto poder que busca un cambio hacia una democracia que protege la vida y defiende la libertad, la propiedad y la seguridad de todos. Es la sociedad civil que se reafirma como una sola voz en aquello de “el poder soy yo”.
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(*)Autor: Lic. Jesús Jiménez, presidente de la asociación civil CENTRUM LABAN, que vela por el respeto de los derechos fundamentales de la persona; la profundización de la democracia; el respeto de la libertad de expresión, y la expansión de las telecomunicaciones, como expresión de desarrollo para articular a las pequeñas empresas y promover su modernidad tecnológica, su empoderamiento y capacitación en la búsqueda de innovación, productividad y competitividad.