lunes, 10 de noviembre de 2008

¿QUE PODEMOS HACER EN LA AGENDA 2009?


¡Atención inversionistas!
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Jesús Jiménez Labán

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Es probable que el primer cambio de la administración Obama que hará impacto en Perú sea financiero. Desde Rusia, que le echa la culpa a la finanzas estadounidenses por la crisis mundial, pasando por Australia, Japón, China, Nigeria, Alemania, Francia, Reino Unido hasta América Latina, en todo el mundo hay expectativa por lo que hará el presidente electo frente a la doble crisis -financiera y de liquidez- que vuelve conservadores a los bancos, más caro o restringido el dinero y menos rápidas las decisiones de inversión en proyectos.
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Nadie sabe, ni siquiera Paul Krugman, profesor de la Universidad de Princeton y premio nobel de economía 2008, qué pasará mañana. Unos guardan en los anaqueles las obras de Friedman, Hayek, Popper. Otros desempolvan a Keynes y a Marx y Stiglitz se pone de moda en las Naciones Unidas, pero nadie sabe qué es lo que realmente viene. Como los negocios no paran, se impone ser intuitivo para luchar con un enemigo invisible, intangible y volátil: la incertidumbre. Entonces, es probable que usted se pregunte ¡que hago? ¿hacia dónde voy? ¡Qué va a pasar con mi dinero, mi familia, mi futuro? Confórtese, esta es la pregunta del millón pero sin respuesta en todo el planeta.
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No hay respuestas homogéneas para todos, pero sí hay tres cosas de cuidado en el Perú. Las pensiones privadas, que han tenido un bajón arriba de los US$ 2000 millones, las exportaciones –que se ven amenazada por el déficit comercial- y el nerviosismo del dólar que pueden generar hechos de corrupción, de inestabilidad jurídica y de anuncios tremendistas como adelanto de elecciones, regiones federales y revuelta callejera. Las cosas van a estar quietas si las autoridades de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP, el Banco Central de Reserva y el Ministerio de Economía arrojan señales coherentes y responsables que les devuelvan la seguridad y tranquilidad a los agentes económicos y al hombre de la calle por donde empieza siempre el efecto en cadena de una crisis sicológica.
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Lo que quiero decir que hay que mantener alejado el ruido político de la política económica. Darles mucha cuerda a los revoltosos en las pantallas y en los diarios es como darles a los subversivos de la década de los 90 espacios estelares en la televisión, algo que no tiene nada que ver con la libertad de expresión sino con la seguridad nacional. No podemos consentir petardos contra nuestro propio país por parte de gente que quiere aparecer en la foto, ganar réditos para las elecciones del 2011 o que tiene consignas extremistas o foráneas. Esto sería totalmente absurdo, pero es importante hundir el bisturí en el corazón de la corrupción, caiga quien caiga, porque eso sí aguanta las inversiones y frena del desarrollo. Se habrá fortalecido así la Democracia.
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A veces nos ahogamos en un vaso de agua. Lo peor que puede pasar es permitir la especulación en los mercados –pobreza de muchos y ganancias de pocos-; lo aconsejable es refrescar la memoria de los usuarios en el sentido que el sistema tiene suficientes garantías y mecanismos para proteger el ahorro público, la capitalización de las pensiones y el crecimiento de la economía en su conjunto.
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Respecto de las exportaciones, que arrastra a la agricultura de costa, sierra y selva y proyecta deprimidos los precios de los minerales, es un contrasentido querer mantener la oferta exportable con más de lo mismo. No sólo se impone usar las tecnologías de información e inteligencia económica para encontrar nuevas zonas de exportación, sino también ser creativos, co-crear, hacer cosas diferentes, es decir, llevar del laboratorio a la realidad una gerencia de la diferencia. No se trata de sobrevivir sino de romper esquemas con productos de valor agregado que permita al exportador fijar el precio por ser exclusivo y sacar ventaja a los demás que hacen más de lo mismo. La tragedia de unos –me refiero al hundimiento de índices bursátiles- puede ser la fortuna de otros.
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El mercado es eminentemente sicológico. Por eso, cuando vemos la diferencia entre el valor contable y el precio de una acción o bono, Harvard dice que el dinero es un estado mental. Sea como fuere, la banca se ha vuelto selectiva y el usuario de sus productos, prudente. Este relajamiento de la confianza puede revertirse si es que mostrarnos cifras de crecimiento, invertimos en obra pública, infraestructura, puentes, carreteras, puertos etc. que generen mano de obra, por lo menos así está dicho en el último mensaje al Congreso del Primer Ministro Yehude Simon.
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Por eso, es muy importante lo que ha pasado este año. Tenemos el enorme paquete de inversiones de la cumbre AL-CUE y lo que se ve venir como resultado exitoso del Foro de Cooperación Asia Pacifico. Estos espacios de encuentro de políticos, estadistas, inversionistas y sus pares locales se han plasmado en documentos jurídicos, base legal que nos allana el camino para poner en marcha las supervias de inversión que significan, por citar algunos, los tratados de libre comercio con Estados Unidos, Canadá, Singapur, los acuerdos de ampliación comercial con Chile y México y el que se ve venir entre Colombia y Perú con la Unión Europea y tal vez con China y Japón. Estos viaductos de comercio exterior son la sangre del país, las semillas del Perú como potencia de América Latina y la esperanza de millones de peruanos de aumentar su ingreso per cápita, su poder de compra y el ingreso de millones de nuevos empresarios al mundo de la exportación.
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De manera que dejemos al sector defensa el combate del terrorismo y el narcotráfico y al sector policía la recuperación de la paz social en los focos de emergencia, pero no perdamos de vista el núcleo dinero (core business) del negocio por un titular, un destape televisivo o un anuncio radial. La agenda del desarrollo la marca el empresario sin que esto signifique que las autoridades honestas, probas y corajudas retiren el pie del acelerador en la lucha contra la corrupción. Todo lo contrario, transparencia equivale a más imán para atraer inversiones.