sábado, 27 de noviembre de 2010

CUANDO ALGO HUELE MAL

CUANDO ALGO HUELE MAL
JESUS JIMENEZ LABAN
Es realmente espantoso.  Un seguro social que no tiene medicinas para atender a los pacientes, que no cuenta con camas para atender a ancianos moribundos en emergencia y que pone en la lista de espera a miles de asegurados mientras se retuercen de dolor o los sorprende la muerte. Sí, es espantoso.  Que ese cuadro de desesperanza –gente desahuciada sin un mano amiga- , de indefensión –sin protección del Estado- y de desolación –de tristeza por gente que muere y que podría seguir viviendo si es atendida a tiempo-,  aparezca una denuncia certera de  corrupción con funcionarios que se llevan el dinero de los pacientes que más lo necesitan, es un acto que no tiene nombre.
No miremos sólo el escándalo por el uso del recurso de indemnización por un supuesto despido arbitrario, sino la complicidad de varios funcionarios para que un acto de venalidad pública –corrupción, soborno, desvergüenza- sea aceptado dentro de una legalidad mal entendida.    
Pongo en salvaguarda la honorabilidad y el buen nombre de funcionarios probos y derechos –que sí los tiene también la Administración Pública-, pero en este caso se trata de la vieja costumbre de hacer calzar un hecho irregular –acto administrativo nulo- dentro de una justificación tirada de los pelos, aunque esté reñida con la moral de la honestidad y la ética del buen y mejor proceder. 
Esto no es nuevo.  Valdría la pena desempolvar los expedientes de las comisiones investigadoras del Congreso a lo largo de los últimos 40 años.   ¿Qué pasó ahí? ¿Quiénes fueron los protagonistas y los que actuaron en la sombra? ¿Qué se hizo con las pruebas? ¿En quedó el delito?   Uno de los males de la República –entendida como separación de poderes- es la impunidad.
Por supuesto, en lo que respeta al escándalo del seguro social, casi todos conocemos los capítulos de la novela.   Producido el destape mediático, viene la demonización del funcionario.  Se quiere circo para aplacar las iras de las tribunas y del pueblo, pero a lo mejor los que se rasgan las vestiduras, los que se dan golpes de pecho y lo que se hacen a un costado para no salpicarse, son iguales o peores que el diablo al que le echan la culpa.
David Eastman, una autoridad mundial en administración estatal, dice que es importante poder conocer cómo y por qué se produjo el delito.   Lo primero ayuda a conocer la maraña en la que se mueve la corrupción y lo segundo, los estímulos que tuvo el burócrata para caer en el ilícito penal como bajo salario y ausencia de potestad sancionadora. A ello hay que combatir  una contracultura perversa, algo así como “si todos roban y no pasa nada, yo también robo”.  La tarea pendiente es crear las condiciones para que no se repitan los hechos.  Y esto se logra con prevención, campo en el cual hay todavía una tarea pendiente. 
El corazón del problema va más allá de un indemnización “arreglada”.  Toca el nervio del poder.   No olvidemos nunca el viejo aforismo de Lord Acton: "Todo poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente". Por ello, debemos ser incansables con la transparencia, el diálogo y la participación de la ciudadanía.   Es, precisamente, esta sentencia que vuelve renuentes e incrédulos a muchos sobre la conveniencia o no de una reelección inmediata o mediata- aunque otros aleguen que cinco años no son suficientes para implementar un plan de gobierno.
Si es cierto lo que dice Lord Acton, valdría la acción luego de muchas preguntas en torno a las otras licitaciones, concesiones, privatizaciones, adendas, compra venta de tierras, programas sociales, manejo de deuda externa, administración de reservas etc.  ¿Podemos también ver en las respuestas a estas preguntas fuentes de tentación, desviaciones o filtraciones?  Se necesita para eso algo similar a la era de las Manos Limpias en Italia después de la Cosa Nostra.  En el caso peruano, ¡quién más!, sólo la prensa está llamada a hacerlo (continuará…)