viernes, 27 de agosto de 2010

TODOS VUELVEN


CUANDO TODOS VUELVEN

JESUS JIMENEZ LABAN

Nuestros compatriotas que viven en el exterior dan fe de que cuanto más lejos estemos de nuestro país, más nos acercamos y más lo amamos. Basadre decía que el peruano siente al Perú con más intensidad a medida que se aleja más de sus cielos, sus cumbres, su Amazonía y de sus desiertos bañado por una inmensa faja costera. Cuando un peruano sale al extranjero lo hace por negocios, turismo, estudios, pero en su gran mayoría porque no encuentra empleo que lo valore, oportunidades para él y su familia, seguridad con garantía de futuro… Pero un ciudadano que abandona el país nunca se desprende de su Perú en el sentido más excelso y más profundo de la expresión. Lamentablemente, ocurre una cosa terrible cuando un inmigrante empieza a darse cuenta que no existe Estado fuera de las fronteras y empieza –tal vez- a sentir que nadie lo quiere, nadie lo defiende, nadie lo escucha.

Este es el destino de tres millones de personas –directa o indirectamente conectadas a esta tristísima realidad. Y la cosa se vuelve más dolorosa aun cuando son jóvenes los protagonistas del sufrimiento de no tener oportunidades de trabajo, invertir parte de su vida en una profesión y terminar en una situación de frustración y desconcierto. Es el sueño de miles de miles de peruanos en el extranjero que el Estado vuelva sus ojos a ellos porque son tan peruanos como los que se quedan en el país.

No nos engañemos si alguien nos cuenta que el Estado es como una gran madre que abraza a todos sus hijos porque ese cordón umbilical no se extiende afuera. Por eso vemos en situaciones difíciles a inmigrantes peruanos que son violentados en sus derechos constitucionales y no reciben la ayuda apropiada ni oportuna. Es una madre incompleta sólo para los que logran quedarse en casa, pero inexistente para quienes están lejos de su regazo. A más distancia, más llanto por querer volver a la entrañas del Perú y a más tiempo se les hace a todos un nudo en la garganta cuando llega la hora de volver.

Los peruanos están distribuidos en diferentes lugares del planeta desde Estados Unidos, los países de la Unión Europea, el sudeste asiático, Africa y las Américas en su conjunto. El brazo protector de cualquier política económica y social no alcanzan a todos y esto se nota con certeza en las misiones diplomáticas, algunas de las cuales no existen simplemente para sacar la cara por un connacional que está en problemas o quiere apoyo. Por último, no tienen idea de cuántos inmigrantes indocumentados existen o cuántos en prisión o a punto de ser deportados. No por culpa de los diplomáticos –que se esfuerzan probadamente- sino por falta de presupuesto y recursos logísticos, sencillamente por en el presupuesto público que se aprueba en el Congreso no son punto de interés los peruanos que viven en el exterior.

Sin embargo, sin tener en cuenta el sufrimiento, la dejadez y el olvido que sufren estos peruanos, sólo cuando hay elecciones generales se acuerdan de ellos para captar su voto, lo cual es un salto al vacío porque una vez concluidos los procesos electorales muchos encumbrados han dado las espaldas a estos esperanzados votantes en el exterior.

La vida es muy dura en el extranjero. A no ser que uno lo vida en carne propia, nadie podría imaginarse lo que significa vivir en el extranjero. Si no hay contactos ni recursos –como es el caso de las grandes mayorías que echan raíces en suelo extranjero- el peruano se levanta desde abajo, escala posiciones por su trabajo, sus agallas y su creatividad, pero cada vez que puede y siente, llora por el Perú aun en tiempo de triunfo, bonanza y realeza. Este el caso de muchos peruanos –que han sido ninguneados en su propio país- y triunfan en un país lejano.

Ahora bien, no es malo construir un futuro en el extranjero. Lo que no está bien es el divorcio entre los de afuera y los de adentro. Mucha gente que ha salido del país –bajo las circunstancias arriba descritas-, quiere volver con su capital y su know how y hacer empresa y encuentra como respuesta una pared, vale decir, no es asimilada por la economía en crecimiento cuando debiera el Estado estructurar programas de incentivos, aliento y desarrollo a los inmigrantes, los mismos que son extensión de la prosperidad a las familias que dejaron y oportunidades de empleo a más peruanos.

En efecto, es el caso de un joven empresario que fue reclutado por una multinacional y quiere extender su éxito al Perú, es decir, aplicar su experiencia en una empresa peruana sin desprenderse de la que vive en el exterior. Esto es como si una persona emprendedora triunfara en el extranjero y recibiera las espaldas de su propia gente que no gusta que “le hagan sombra” o simplemente por envidia o mezquindad. Eso no puede ser, tiene que cambiar.

La agenda histórica es restablecer la unidad entre peruanos de las mismas sangres, entre los de afuera y los adentro, entre los padres y los hijos, entre los ascendientes que abren trocha y los descendientes que se abren camino sobre lo ya avanzado, entre los que se van y los que quedan, entre los que empiezan a hacer realidad sus sueños afuera y todos los que vuelven…