sábado, 28 de agosto de 2010

Si queremos acabar con la impunidad


LA CONCURRENCIA REAL, GRAN RETO PARA EL LEGISLADOR

JESUS JIMENEZ LABAN

La misión primordial de la Policía Nacional es proteger el orden interno –garantía del patrimonio público y privado- y de las Fuerzas Armadas que complementariamente, -en casos de estado de emergencia, toque de queda o estado de sitio-, velan por el orden interno sin descuidar la defensa exterior, vale decir, garantizar la independencia, la soberanía y la integridad de la República. Un elemento esencial de la democracia es, pues, la garantía de la seguridad de la Nación.

Si los delincuentes matan niños, privan de la vida a un sacerdote no respetan la integridad de las mujeres, entonces para estos sujetos la vida no vale nada. Si la impunidad se apodera de esta situación de inseguridad, entonces seguirán a sus anchas perpetrando asaltos, robos, secuestros extorsiones con ciudadanos indefensos y que debe ser protegidos por el Estado que se ha inventado precisamente para eso, garantizar la libertad, la vida, la propiedad y la seguridad de todos, sin excepción.

Si esta gente sabe que puede matar a cinco y pagar por uno, difícilmente una iniciativa ciudadana en búsqueda de seguridad podrá controlar el crimen, lo cual plantea un reto urgente al legislador que es, en esencia, hundir el bisturí en corazón del asunto, la concurrencia real en un sistema penal que se determina dentro de una onda de Acusatorio-Garantista frente al acusatorio-represivo anterior.

No hay peor cosa dentro del tejido jurídico de un país que convivir con un tumor cancerígeno –como la concurrencia real del delito- porque eso es, en la práctica, impunidad legal, al parecer sin reparo por parte de legisladores y los tratadistas, siguiendo a Andrés Ponce Fonseca en su obra Derecho Fundamental. “Parece que se estaría gritando a la gente de mal vivir, a los delincuentes, que cometan toda clase de delitos que al final, se les castigará solo por UNO, y por el más grave”, comenta. ¿Y si todos son graves? ¿Cómo queda el efecto tutelar de la ley en las víctimas?

Los hogares, los hospitales, las calles, los templos, las escuelas y demás están teñidas de sangre por la operación criminal de bandas organizadas dejando un trágico saldo entre niños, madres, mujeres, personas de la tercera edad. Lo que tiene que hacerse aquí es dejar de criticar, de hacer cálculos electorales y de ganar protagonismo en esta lucha por la vida y contra el crimen.

Serían malditos aquellos que con el tema de la seguridad se aprovechan para hacer política, aumentar caudal electoral, subir en las encuestas o hacer vedetismo político, teniendo de por medio la vida de muchísimos ciudadanos que atraviesan la tristísima realidad de la delincuencia común y el crimen organizado.

Cualquier gerencia moderna que se ponga a prueba en una cruzada por la vida, la libertad, la propiedad y la seguridad, descansa en el liderazgo, en los valores y en la motivación. Por desgracia, han ocurrido hechos en los cuales malos policías han empañado el prestigio de su institución, pero ésta institución debe quedar intacta y ubicarse por encima de la circunstancia. No podemos ir contra la policía como institución porque eso es dispararnos a los pies, hacerle el juego a los delincuentes que quiere desorden, desunión y zozobra.

Creo que no necesario decirlo, pero vale recordar esto a los líderes de opinión, los medios y a los oficialistas, opositores políticos. Sin embargo, esta desesperante situación –como los pasajeros que voltean la mirada al capitán en un buque al borde del naufragio- los buenos policías tienen ahora una oportunidad dorada para poner el pecho por el ciudadano que con voz llena de piedad les implora: protégeme.

Sí, por qué no, es tiempo de desempolvar los valores como aquello que se olvidó en el tiempo: el honor es tu divisa. Ese es el valor supremo que debe animar a un policía. Es como el periodista –que se olvida de horarios, sueldos y a veces se priva de hora en familia- porque lo domina la mística de llegar a la verdad, cueste lo que cueste- . En el policía es el orden interno y la disciplina para no ceder en la lucha contra el crimen, de manera que fuente de motivación existe y esto debe cultivarse aún más.