domingo, 2 de agosto de 2009

EL VACIO DETRÁS DE LOS NUCLEOS EJECUTORES

LOS NUCLEOS EJECUTORES
Jesus Jimenez Laban
Los núcleos ejecutores juveniles -propuestos por el gobierno para usar parte del presupuesto público sin ejecución los gobiernos regionales y locales- han levantado polvareda en la arena política en medio de apasionamiento de uno y otro lado.
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Las comunidades –que también ha escuchado hablar del tema- podrán recordar que esta modalidad –la de núcleos ejecutores- no es nueva. Se ensayó y aplicó, con auspicio del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, en el fondo nacional de Foncodes. La idea que los propios vecinos hagan por su acción obras al servicio de la comunidad tiene su antecedente en la cooperación popular que impulso el entonces presidente Fernando Belaunde, acuñando la frase “el pueblo lo hizo”.
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Técnicos de reconocido prestigio –ajenos a la política- hablan bien del modelo porque permite hacer obra pública en atención a las necesidades de salud, educación, agricultura y comunicación. Entonces, ¿por qué se quiere poner un manto de duda a la iniciativa? En esta materia, se ha dicho de todo desde populismo hasta proselitismo político dada la cercanía de las elecciones regionales y municipales. Inclusive, hay dirigentes agrarios que califican los núcleos como divisionistas de la dirigencia social, en tanto que la asociación de municipalidades cree que es una medida provocadora para que los vecinos les hagan la vida imposible a los alcaldes.
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Es cierto que la tentación latente de todo gobierno que se dispone a entregar la posta al sucesor, quiera tirar la casa por la venta, pero la idea del núcleo ejecutor no parece mala porque los proyectos que manejó Foncodes han funcionado con el esquema del BID y no ha generado brotes de corrupción, según testimonio de la propia Contraloría General de la República. Foncodes tiene una bases de dato actualizable que le permite al sistema de control hacer por muestreo el seguimiento del dinero público.
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Y es que cuando se agrupa una comunidad de vecinos para hacer obra, lo que se hace es crear una persona jurídica habilitada para recibir y manejar dinero depositado en cuenta bancaria, siempre bajo estricto control y supervisión del Sistema Nacional de Inversión Pública. Esto hace posible –sin mucho enredo del Snip por tratarse de una obra estándar- la construcción de escuelas, postas, canales de regadío y puentes. Nada le impide a los vecinos incoporar en sus proyectos –previa capacitacion- de últimas tecnologías para poner a sus pueblos a tono con los tiempos.
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Si no hay actos de corrupción, las cosas funcionan y la comunidad es el mejor juez, ¿cuál es el problema? Si bien el pueblo ejerce control de los recursos de su progreso, hay una grieta visible. Y es que si los municipios no participan directamente en los núcleos, lo más probable es que no esté garantizada la sostenibilidad de los proyectos por cuanto las obras requieren mantenimiento y presupuesto sostenido para asignar, por ejemplo, profesores, médicos, ingenieros. Por ello, me inclino por un proyecto híbrido, es decir, la comunidad en alianza estratégica con su respectivo municipio.
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Se requiere de un ente –el municipio en este caso- que impulse la acción comunal con planificación, dirección y control. Ningún núcleo ejecutor es obligatorio, pero hay un clamor popular que no se puede pasar por alto. De lo que se trata es trabajar con un saldo que no se pudo ejecutar en su tiempo. Es tiempo de hacer el gasto público, pero con calidad