domingo, 12 de julio de 2009

ENCICLICA CARITAS IN VERITATE



CAMBIO DE RUTA
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Jesus Jimenez Labán
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El sistema se destruye por un capitalismo sin control y fuerzas del mercado sin regular, advierte el Vaticano en su última encíclica que fue presentada en Roma durante la reciente Cumbre del G-8 a la que asistieron representantes de las grandes potencias industriales. En dicho documento la Iglesia propone con urgencia trazar una política económica mundial para gestionar la vida del planeta, revivir las economías afectadas por la crisis y evitar que la situación se deteriore o desequilibre aun más.
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Siendo Roma, escenario geográfico del Vaticano, el Papa Benedicto XVI ha presentado su tercera Encíclica –Caritas in Veritate (Caridad en Verdad)- para reflexionar –según fuentes religiosas - las consecuencias de la globalización y hacer una crítica al capitalismo porque “el mercado no es el lugar de atropello del fuerte sobre el débil”. Vale recordar que la primera encíclica del pontificado de Su Santidad Benedicto XVI, del 25 de enero de 2006, habla sobre la caridad y del amor divino, titulada en latín "Deus caritas est"; la segunda, el 30 de noviembre del 2007, "Spes salvi" sobre la esperanza cristiana.
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Como respuesta a la crisis económica mundial, el Papa Benedicto XVI propone un cambio de ruta, tras condenar “el egoísmo, la avaricia y la falta de solidaridad en un mundo moderno azotado por problemas sociales, morales y éticos”. El pontífice alemán dice en su encíclica social que es urgente reformar las Naciones Unidas. “Urge la presencia de una verdadera autoridad política mundial que se atenga de manera coherente a los principios de subsidiariedad y de solidaridad". “La redistribución de la riqueza, supervisada por los gobiernos, ayudará a los más afectados por la crisis, una decisión económica con consecuencia moral”.
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La Encíclica en mención, que enumera las responsabilidades que deben asumir los líderes gubernamentales, banqueros, empresarios y personas ordinarias en la actualidad, pone énfasis en la creación de una autoridad política global para gestionar la economía e introducir un código ético para “un desarrollo económico, político, social y hasta del medio ambiente correcto.
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Dicha autoridad –regulada por ley y reconocida internacionalmente- debe tener el poder efectivo para garantizar la seguridad de todos, respecto de la justicia y los derechos. Sus medidas, agrega, debe ser coordinadas en varios foros internacionales.
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Cabe señalar que Su Santidad había empezado a escribir hace dos años sus primeras reflexiones poniendo énfasis en las responsabilidades éticas ante la pobreza, el hambre, el cambio climático y el deterioro de la economía mundial, pero los sucesos ocurridos desbordaron el borrador inicial de la encíclica, el documento más importante que llega a 1.100 millones de católicos en todo el mundo.
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Da la impresión que la economía del mundo no tiene brújula. Por eso, según varias opiniones, la referida Encíclica “indica el camino para superar los modelos económicos, que se inspiran en el soviético y el neoliberal”. La Iglesia – a los ojos del mundo- sale al frente para aportar soluciones no a nivel monacal sino en la vida práctica, actuante y directa. Deja entrever, salvo mejor parecer, que en esta crisis financiera global grandes grupos económicos inescrupulosos se han beneficiado a costa de la ruina de muchos. Por ello, la receta que propone es de aplicación inmediata, aun en tiempos de recesión. Incluye también la preocupación y sus propuestas para alargar la vida del planeta.
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Aun es temprano para evaluar las reacciones frente a este documento, pero es un hecho que se trata de un duro mensaje moral a la economía del mundo, cuyas consecuencias pueden acaso constituir las bases ético-morales de un nuevo orden financiero mundial.