miércoles, 5 de noviembre de 2008

OBAMA: DE LA VICTORIA A LA REALIDAD

LOS CIEN PRIMEROS DIAS DE OBAMA
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Jesús Jiménez Laban
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Para muchos la nueva administración Obama podría tomar tres o cuatro medidas fuertes en los primeros cien días porque la luna de miel será corta debido a las expectativas de la población frente los efectos en sus bolsillos por la crisis financiera global. Francisco Duran, profesor de la Universidad de Texas, cree que se debe usar el tremendo respaldo demócrata alcanzado en el Congreso para hacer las reformas fundamentales de su plan de gobierno. De hecho, pocos procesos electorales han despertado tan expectativa como éste, expectativa que se centra en la economía familiar, la educación, las pensiones, las migraciones y las oportunidades de empleo más allá de la política exterior o levantamiento de embargos o retiro de tropas.
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El mundo –desde Asia pasando por Europa, Africa hasta América Latina- ha recibido con júbilo la elección del Presidente Barack Obama, el primer presidente negro en la historia de los Estados Unidos.
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La gente ve muchas cosas. Unos creen que la llegada de Obama al poder tiene la misma trascendencia cuando Franklin Delano Roosevelt llego al poder y promovió el “New Deal”, conjunto de medidas económicas para conjurar la crisis de 1929. Otros creen que Obama seguirá el mismo camino del también demócrata John F. Kennedy en la consolidación de los derechos civiles. No pocos comparan a Obama con el republicano Abraham Lincoln en la reconstrucción de Estados Unidos después de la guerra de secesión.
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En un momento en que el país no quiere oír de guerras y cuando se tambalean los símbolos del bienestar americano –casa y vehículo en la puerta-, el candidato demócrata prefirió hablar en campaña a la gente sobre las soluciones concretas a sus problemas y, por supuesto, menos impuestos, más crédito, capacidad de consumo, mas seguridad social y pensiones. Le toca ahora ir de la victoria a la realidad.
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Y es que lo que tiene que encarar será una crisis sin precedente en la historia después de la crisis de 1929. Por lo pronto, el crecimiento tímido que aun quedaba en el país del norte ha sido arrastrado como un huracán a la recesión, la confianza no vuelve al sistema financiero, agudizándose una doble crisis, la de insolvencia y la de la liquidez.
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Según varias opiniones respecto del frente exterior, hay quienes creen que los talibanes que quieren ser gobierno otra vez en Afganistán no darán tregua, perp sugiere al presidente electo no repetir el error histórico de su predecesor. “Obama debe buscar alianza con países árabes para enfrentar el terrorismo alejando a Estados Unidos del epicentro de la guerra”, dice el internacionalista Ariel Sagal.
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El Peru no es ajeno a este enorme cambio. Sin embargo, al decir del Canciller José Antonio García Belaunde, las relaciones entre Perú y Estados Unidos continuarán en buen nivel tal como están ahora. “No creo que haya sido casual la mención que Obama hizo del Perú porque el Acuerdo de Promoción Comercial con Estados Unidos es estricto en la defensa del medio ambiente y los derechos laborales”.
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Ahora bien, yendo al plano económico hay quienes creen que lo peor ha pasado y que el Perú no tendría de qué preocuparse. Sin embargo, tendrá efecto retardado en la banca peruana la restricción de las líneas de crédito por bancos estadounidenses. Aunque no tenemos petróleo para exportar en un momento de precios en picada, la caída de los precios de los minerales y de los alimentos anuncian una desaceleración de la oferta exportable para lo cual se ha reclamado al sector economía una respuesta contracíclica –no enfriar la economía, controlar la inflación y mantener poder de compra- frente a un mundo que entra en recesión.
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A juzgar por los últimos acontecimientos –agitación política, destrucción de la propiedad y declaratoria del estado del emergencia en Tacna y otros puntos del país- resulta inquietante la situación. Si por una modificación legal del canon, hemos tenido protestas violentas en el sur del país, imaginemos qué podría pasar si hay ajustes bruscos en los precios de los combustibles, de los productos de primera necesidad o de los servicios públicos. Es ciertamente un asunto de cuidado.
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Sin salirse de los parámetros de Basilea, la banca debe ser más proactiva y selectiva en el crédito, lo mismo que las AFP, que han decidido diversificar los riesgos no poniendo los huevos en una misma canasta, reconsiderar las comisiones de los directorios e invertir en infraestructura para que la obra pública continúe y el Perú no pierda su ritmo económico.